25-03-2019 / 20:49 h EFE

En plena revisión de la estrategia europea para frenar la supuesta amenaza china, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, hizo este lunes ante su homólogo chino, Xi Jinping, una férrea defensa del multilateralismo y del equilibrio en las relaciones bilaterales.

Su encuentro en el Palacio del Elíseo, sede de la Presidencia gala, sirvió para que Macron le expresara en persona las reticencias que comparte con otros grandes miembros de la Unión Europea, como Alemania, sobre la ambición inversora china y su gran proyecto de desarrollo: la Nueva Ruta de la Seda.

"Ningún país, por potente que sea, puede redefinir por sí mismo las reglas del juego multilateral", destacó al término de la reunión que mantuvieron en el primero de los dos días de la visita de Estado de Xi a Francia.

El mandatario chino llega a París tras haber recabado el apoyo italiano a ese gran proyecto lanzado por China en 2013 para conectarse con las economías occidentales en Europa, Oriente Medio y África, y del que sus opositores temen que pueda aumentar la influencia asiática en el continente.

Italia se convirtió el sábado en la primera potencia del G7 (EEUU, Francia, Alemania, Reino Unido, Italia, Japón y Canadá) en sumarse a esa iniciativa, pero Macron quiere encuadrar las relaciones bilaterales en un marco europeo.

La invitación a París este martes a la canciller alemana, Angela Merkel, y al presidente de la Comisión Europea (CE), Jean-Claude Juncker, refuerza esa voluntad de que haya un frente común frente al gigante chino.

"Lo estamos haciendo ya con inversiones estratégicas como infraestructuras críticas, (...) sin discriminación hacia inversiones extranjeras, pero con la preocupación de una soberanía bien entendida, que nos permitirá sentar las bases de una cooperación duradera", dijo el francés.

Macron abogó por no salirse de las reglas definidas en común en instituciones como el G20 y constató que los progresos que deben hacerse en el equilibrio de sus intercambios económicos y comerciales "son colosales".

Pese a todo, ambos países firmaron una larga lista de acuerdos o memorandos de entendimiento, que tuvo su punto más destacado en el encargo de 300 aviones que ha hecho el consorcio aeronáutico estatal chino CASC al fabricante aeronáutico europeo Airbus.

Se trata de 290 aparatos A320, de mediana capacidad y autonomía, y de 10 A350, de larga distancia, cuyo precio de catálogo supera los 32.000 millones de dólares (más de 28.000 millones de euros), y que según Macron supone "un avance importante y una excelente muestra de la fuerza de los intercambios" con China.

La cooperación espacial, el refuerzo de la formación para combatir el tráfico ilícito de bienes culturales, el desarrollo de proyectos eólicos marinos o la apertura a la importación de carne congelada de pollo francesa fueron otros ámbitos en los que hubo avances.

Xi, que terminará en París una gira europea iniciada el jueves en Italia, con una breve escala el domingo en Mónaco, recalcó la voluntad de su país por establecer un desarrollo marcado por la cooperación y un beneficio para todos.

Este viaje a Europa es su primer desplazamiento de 2019 y la elección del destino, apuntó, no ha sido casual: "Europa es un polo destacado en este mundo multipolar y uno de los socios más importantes de China".

El diálogo, según sostuvieron ambos, ha sido amistoso, cordial y fructífero, y acabó con una cena de Estado en el Elíseo a la que acudieron personalidades destacadas del mundo de la cultura, la política y la economía francesa.

 
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