23-04-2019 / 15:40 h EFE

Las discordancias entre las diferentes versiones que el militar acusado de matar a una joven argentina en Fuerteventura en 2016 ha ido dando de los hechos desde su detención han sido subrayadas por el Ministerio Fiscal en la segunda sesión del juicio en su contra.

Este martes han comparecido ante el Jurado que juzga este caso en la Audiencia de Las Palmas diversos testigos para hablar de lo ocurrido y de cómo era la víctima, Lorena M., entre ellos sus padres y su única hermana.

Todos ellos han reclamado un castigo para el responsable de la muerte de su hija y hermana, una demanda que ha resumido el padre de la fallecida, Luis Alberto Maceo, al señalar: "Lo que voy a pedir es que se haga justicia".

Los familiares de Lorena han subrayado la sorpresa que les ocasionó su muerte, tanto por el hecho de que ninguno tenía noticias de que se dedicara a la prostitución, actividad que la llevó a conocer al militar que la mató, según él, accidentalmente tras haber contratado sus servicios, como por mostrarse convencidos de que jamás habría practicado juegos sexuales de tipo sadomasoquista, como el procesado asegura que le pidió que hicieran.

Como argumentos, han aludido, por una parte, a la circunstancia de que Lorena varias veces había tenido problemas respiratorios, por lo que creen inverosímil que propusiera que la estrangularan con la manguera de la ducha hasta el borde de la asfixia, como ha dicho el enjuiciado, y, por otra, a su propio carácter.

Puesto que "era muy miedosa" y, en consecuencia, "no la veo jugando a esos juegos", ha declarado su hermana, Gabriela Oliveira, que ha insistido en que le daba especial temor no poder respirar.

Hasta el punto de que "ni siquiera usaba bufandas gruesas, porque decía que le faltaba el aire", ha recalcado.

Además, ha expresado sus dudas sobre la circunstancia de que trabajara como prostituta, sentenciando: "Todavía no me lo creo".

Entre otras cosas, porque ella había contado que se dedicaba al diseño de páginas de internet, ya que "siempre fue buena estudiante" y casi había concluido los estudios de periodismo en su país, ha añadido su madre, Isabel Mara Oliveira.

Esta mujer ha rememorado cuán inesperadas fueron, por ello, las imágenes con que se encontraron al visitar el piso en que se alojaba en Fuerteventura, que ha relatado que era "un apartamento sucio, donde hemos encontrado preservativos" y otros objetos que no pensaban hallar en la vivienda de la chica.

Sentadas a pocos metros del acusado de asesinar a Lorena, el militar profesional de 31 años Félix D.C., e incapaces en distintos momentos de contener las lágrimas y hasta alguna descalificación dirigida hacia él, su madre y su hermana han precedido al prestar testimonio a las declaraciones de agentes de la Policía Nacional que investigaron el caso.

El fiscal ha aprovechado esos relatos para poner de manifiesto las contradicciones entre las distintas versiones de lo ocurrido que ha ofrecido a lo largo del tiempo transcurrido desde entonces como supuesto elemento probatorio de su culpabilidad.

Así, ha destacado, al interrogar a la jefa del Grupo de Homicidios de la Brigada Provincial de Policía Judicial de Las Palmas, cómo desde un primer momento fue cambiando la narración de los hechos que ofrecía.

Porque inicialmente, al preguntarle si había estado con la víctima, "lo niega rotundamente" e incluso "manifiesta que no la conoce, que nunca ha contactado con ella", para acto seguido, una vez que se le informó de que había pruebas de lo contrario, contar otra historia distinta, ha expuesto la policía.

La agente ha dejado patente, en todo caso, su desconfianza sobre la veracidad del relato que dio en aquel momento.

Ya que "decía que colocó a sí misma la manguera alrededor del cuello" estando ambos en la bañera del inmueble y por iniciativa propia y que resultó fortuitamente estrangulada debido a que él fue a salir de espaldas y se resbaló, tirando sin querer de la goma al tratar de asirse a algo para no caer.

Y eso no cuadraba, en su opinión, con el escenario de la muerte, un cuarto de baño "muy, muy pequeño" en el que "no era muy factible" que se hubiera producido una caída de dos personas como la que narraba.

Sobre todo porque en el lugar había una mesa "que tenía muchos botes, muchos pequeños, bien colocados", y lo normal sería que hubieran ido a parar al suelo de producirse un accidente así, ha considerado.

Por ese y otros elementos, la agente ha insistido en su parecer de que la declaración del procesado fue "incongruente", que ha compartido el fiscal.

La acusación pública ha incidido, así mismo, en otras contradicciones que ha dicho detectar entre las palabras del acusado de entonces y las versiones no coincidentes que con posterioridad ha dado de los hechos.

Como, por ejemplo, cuando, tras admitir que se llevó dos teléfonos móviles y otras propiedades de la fallecida, afirmó ante los policías que lo hizo para borrar posibles huellas suyas y que su propósito era tirarlos a la basura a tal fin, mientras que más tarde cambió su relato al respecto.

Y este lunes llegó a asegurar, en la primera sesión del juicio, que lo que pretendía era vender esos objetos para obtener dinero con que comprar cocaína, que consumía constantemente en esa época, según ha expuesto.

Unos y otros testimonios se contrastarán este miércoles, en la tercera sesión de un juicio que se sigue en la Ciudad de la Justicia de Las Palmas de Gran Canaria, con las pruebas forenses recabadas en el escenario del crimen, que la defensa califica de homicidio accidental y la acusación de asesinato, con la comparecencia de los peritos que las han analizado.

 
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