03-05-2019 / 16:29 h EFE

La consejera de Relaciones Ciudadanas e Institucionales, Ana Ollo, ha recibido en el Palacio de Navarra a las familias de las dos últimas víctimas del golpe militar de 1936 que han sido identificadas por el Banco de ADN creado por el Gobierno Foral, Agustín de Lucas Sánchez y Marcelo Lasa Ceberio.

En el transcurso del encuentro les ha hecho entrega de los informes de exhumación e identificación, informa el Gobierno Foral.

Agustín de Lucas, natural de Robledo de Chavela (Madrid) y residente en Nava de la Asunción (Segovia), era un ferroviario que tras su detención y condena fue trasladado al penal del Fuerte de San Cristóbal el 18 de agosto de 1937. Allí permaneció hasta su muerte por enfermedad, debida a las terribles condiciones de la prisión y fue enterrado en Oteiza de Berrioplano.

Marcelo Lasa Ceberio, vecino de la localidad guipuzcoana de Olaberria, contaba con 17 años cuando fue asesinado el 25 de agosto de 1936 en el puerto de Lizarrusti.

Su exhumación se llevó a cabo el pasado 2 de septiembre de 2018, en el marco del programa de exhumaciones del Gobierno de Navarra y gracias a las informaciones que permitieron precisar con exactitud el lugar donde había sido enterrado.

En este caso, las tareas de identificación genética han sido complejas por el estado de conservación de los restos, pero finalmente han dado resultado positivo.

La recepción ha querido reconocer y reparar a estas familias que, tras tantos años de espera, podrán enterrar a sus seres queridos en los lugares por ellos elegidos.

Al Palacio de Navarra han acudido, Joxe Ángel Munduate, Miren Eskarne Munduate, Bihotz Forcada, Tomás Santiago Lucas y Mariano Martín Lucas. Por su parte, la consejera ha estado acompañada por el director General de Paz, Convivencia y Derechos Humanos, Álvaro Baraibar, el director del Instituto Navarro de la Memoria, José Miguel Gastón, y el jefe de Sección de Memoria, Cesar Layana.

Con Agustín de Lucas y Marcelo Lasa son ya 23 las personas que han podido ser identificadas tras ser recuperados sus restos en exhumaciones.

Los trabajos de identificación, según subrayan, son complejos, y a veces inviables, por la degradación de los restos óseos tras haber pasado ya más de 80 años o por la falta de donantes idóneos.

A pesar de ello, el Ejecutivo sostiene que el Banco de ADN está siendo una herramienta imprescindible a la hora de concluir los procesos de reparación de las víctimas con la entrega de los cuerpos a sus familias.

 
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