24-05-2019 / 13:33 h EFE

Las improvisadas chabolas que colonizan So Paulo se han reinventado. De las construcciones con planta baja o una altura que marcaron los inicios de estos arrabales se ha pasado a vertiginosas viviendas de hasta ocho pisos con paredes torcidas, ladrillo descubierto y planchas metlicas a modo de tejado.

As sucede en Helipolis, la mayor favela de Sao Paulo situada a menos de 10 kilmetros de su centro financiero, el ms importante de Amrica Latina.

La necesidad de habitar un espacio en una ciudad con un enorme dficit de viviendas ha impulsado estas polmicas "autoconstrucciones" precarias, que van sumando pisos hacia arriba para acompaar el empuje demogrfico en una area metropolitana que cuenta con unos 20 millones de habitantes.

El nacimiento de un nuevo hijo, un pariente que regresa a casa o una separacin sentimental son algunos de los motivos por los que los habitantes de la comunidad renen los materiales y, sin cualificacin ni supervisin tcnica, se ponen manos a la obra.

Cada "puxadinho", nombre que reciben estos anexos informales al domicilio, cuenta la historia de una familia, lo que hace que no existan dos casas iguales en la favela ms grande de Sao Paulo en superficie (alrededor de un kilmetro cuadrado) y la segunda en poblacin (210.000 habitantes).

Sandra Regina dos Santos tiene 61 aos y lleg a Helipolis "cuando todava no era Helipolis", tal y como relat a Efe: "Todo era maleza, no haba ni agua ni luz", describi.

En 1976, su marido Jos Mariano tard slo cinco horas en construir una barraca de madera que servira para cobijar al matrimonio, sus siete hijos y un octavo que estaba "por venir": "Slo haba un colchn tirado en el suelo", narr Sandra, sin dejar de sonrer.

Con los aos, llegaron los ladrillos, el yeso y las tres plantas que hoy se alzan en aquel mismo lugar y suman 200 metros cuadrados, compartidos por nueve miembros de la familia.

"Este es el primer mueble que compro en mi vida", dice Sandra con orgullo, mientras pasea por la cocina y seala un armario marrn y gris brillante, que adquiri hace unos meses.

El mueble reluciente destaca con el resto de mobiliario viejo que permanece pegado a las paredes, cubiertas por azulejos slo hasta poco ms de la mitad: "No tenamos ms, pero ya lo acabaremos", seal Sandra.

La casa de esta familia fue reformada, como muchas otras, por la ONG Hbitat para la Humanidad, una organizacin internacional sin nimo de lucro que realiza mejoras en las viviendas ms precarias de Helipolis.

Rene de Castro, que es arquitecto y supervisa las obras en la regin, explica que durante los ltimos aos llegaron a la favela algunos emprendedores que aprovechan que el terreno es barato para construir grandes edificios de hasta ocho pisos y los alquilan despus a precios casi de mercado.

"Se puede hablar de especulacin inmobiliaria", coment Rene, quien alerta del peligro de una posible "gentrificacin" en la propia favela que se traduzca en "una segunda expulsin" de las familias que ya fueron excluidas all.

Para el arquitecto, el amontonamiento de casas en aquellas comunidades es el smbolo del "dficit habitacional" de Brasil, pas donde se calcula faltan unos seis millones de casas.

El concejal de vivienda de Sao Paulo, Joao Farias, reconoci que para una ciudad en la que se estima que un milln de personas viven en favelas, la solucin a la vivienda es todo un desafo.

El edil apunt que el Ayuntamiento firm hace unos das la primera asociacin pblico-privada para construccin de viviendas sociales en Brasil, que prev crear hasta 40.000 unidades hasta finales de 2020.

Farias seal que el presupuesto pblico del municipio para polticas de vivienda social de este ao es de unos 148 millones de dlares, una cifra que se revela escasa para una metrpoli como Sao Paulo, que slo para el mantenimiento de la ciudad dedicar este ao 370 millones de dlares.

Ante la falta de recursos, estim que es fundamental que el Gobierno federal, que lleg al poder este ao con el ultraderechista Jair Bolsonaro al frente, defina pronto su poltica de vivienda, de la que dependen en gran medida.

Sobre el incierto futuro de Helipolis, que crece de forma espontnea y descontrolada hacia arriba, nadie se atreve a hacer un pronstico certero, pero lo que Sandra s sabe es que el de su familia est all: "No me veo en otro lugar", sentenci.

Mientras, una de las hijas con las que comparte techo, Juliele, de 25 aos, piensa a corto plazo: "Yo creo que todava se puede construir otra planta ms", dice con la mirada puesta en el techo de la cocina a donde an no llegan los azulejos.

 
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