21-06-2019 / 11:51 h EFE

El presidente mauritano, Mohamed uld Abdel Aziz, criticó a la ONU porque a su juicio "no entiende" lo que está pasando en Mali, y añadió que "ha equivocado de objetivo" en su gestión de la inseguridad en el Sahel.

En una conferencia de prensa organizada la pasada noche a modo de balance de su presidencia de once años, Abdel Aziz consideró que la Misión de la ONU en el norte de Mali debería ser "una misión de combate en lugar de ser de estabilización"

La Misión de la ONU de estabilización en el norte de Mali (Minusma) cuenta con 15.000 efectivos y recibe una financiación de más de 1.000 millones de dólares, recordó el presidente mauritano, pese a que "no tiene una misión precisa".

Al mismo tiempo, Aziz añadió que las pérdidas de las fuerzas de la ONU en Mali son más importantes que la fuerza conjunta del G5 Sahel (que integran, además de Mauritania, Mali, Níger, Tchad y Burkina Faso).

Según las últimas cifras de la Minusma, la misión ha perdido en combate o atentado 123 "cascos azules" desde su creación en 2013, siendo así la misión de la ONU que más pérdidas humanas tiene en el mundo.

En la rueda de prensa, que fue convocada por sorpresa, el presidente mauritano recurrió al sarcasmo al recordar que el G5 Sahel pidió a la comunidad internacional 560 millones de euros para su arranque, y 130 millones de euros al año para su funcionamiento, pero que solo ha recibido hasta hoy en día "algunos chalecos antibalas".

El G5 Sahel se topa con "un muro de incomprensión por parte de la ONU, que no le quiere ayudar", lamentó Uld Abdel Aziz.

Creada para luchar contra el terrorismo yihadista transfronterizo entre los países miembros, el G5 Sahel estableció en un primer momento su sede en Sévaré, a las fuerzas de Mopti en el centro de Mali.

Tras sufrir su primer ataque armado en junio de 2018 que causó entonces la muerte de seis soldados, el G5, según el gobierno maliense, decidió trasladarse al barrio de Badalabougou, en la periferia de Bamako.

Ese cambio de sede se topó con la oposición feroz de los habitantes del barrio, por temor a que sea un factor que incremente la inseguridad en Bamako, y el gobierno anunció de hecho anoche que buscará una nueva ubicación.

El yihadismo en Mali adquirió especial fuerza en 2012 cuando se produjo un golpe de Estado en Bamako del que se aprovecharon grupos tuareg rebeldes, apoyados por células terroristas, para hacerse con el control del norte del país durante diez meses.

Y pese a que fueron teóricamente expulsados en 2013 gracias a una intervención militar encabezada por Francia, extensas zonas en el norte y centro del país siguen fuera del control del Gobierno y donde grupos locales leales a Al Qaeda o al autodenominado Estado Islámico aprovechan para atentar contra el Ejército maliense (FAMA), la Minusma, o las fuerzas francesas de Barkhane

A ello se añade la violencia interétnica en el centro de Mali que se ha recrudecido en los últimos cuatro años entre los agricultores dogon y los nómadas peuls por el control de las tierras.

 
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