08-07-2019 / 23:50 h EFE

La firma María Ke Fisherman, liderada por María Lemus y Víctor Alonso, ha levantado expectación en la pasarela madrileña, a la que han vuelto después de alejarse una edición para repensar su marca y liberarse de presiones.

Un regreso que ha estado a punto de truncarse por una tormenta de verano cargada de rayos y truenos que hacía presagiar la anulación de la presentación, pero que ha resultado ser el preludio de una original puesta en escena.

El desfile más nocturno de la 70 edición de la pasarela madrileña ha tenido un lugar de excepción, el madrileño Puente de Toledo, construido por Pedro de Rivera en el siglo XVIII, un espacio "muy alejado" de la estética de la marca, una razón por la que resultaba "el mejor espacio" para mostrar una colección realizada con los pilares de la artesanía, la tradición y el esmero.

"Estamos muy contentos con el regreso", ha explicado Víctor Alonso, mientras María apuntaba la necesidad de buscar ese retiro. "Quería quitarme la responsabilidad de tener que vender, me apetecía hacer una colección más artística, con la que se pueda vestir una 'celebritie'", comentan a Efe justo antes del desfile.

Los diseños de María Ke Fisheman los han lucido cantantes internacionales como Lady Gaga, Katy Perry y Miley Cyrus, estrellas que pusieron el foco mediático sobre los jóvenes creadores que se sienten muy satisfechos de las propuestas que ahora presentan en la 70 edición de Mercedes-Benz Fashion Week Madrid.

Diseños en los que no abandonan el sello urbano que siempre ha definido a la marca, pero en las que mezclan la calidez del trabajo artesano realizado por las monjas carmelitas descalzas de Huelva, además de un equipo de mujeres, expertas en el arte de tejer, con una idea clara: armar una colección en la que no hay ningún textil "solo el trabajo en punto y ganchillo".

Una colección, apuntan los creadores, "sin límites", cuyo destino está en "sí misma, no en cómo producirla".

Piezas en las que representan a veinte estereotipos de mujer a la que visten con un mono ceñido al cuerpo, con un patronaje cuidado al extremo para conseguir dar forma a cada diseño.

Un mono realizado solo en mohair de seda en el que la calidez y la calidad se palpa en cada punto, al que sigue otro donde la lana merina cien por cien hace que la elegancia no dependa solo de un vestido, son algunas de sus opciones para la próxima primavera-verano.

Hilo combinado con poliamida, ganchillo y punto en una misma pieza, una diversidad de puntos que cobran vida gracias a técnicas depuradas, donde la tradición y la pureza en la confección forman un tándem indisoluble en unas piezas delicadas cuya confección ha llevado, en algunos casos, más de tres meses.

Para finalizar, muestran orgullosos la joya de la corona, un mono manta en el que reúnen muchas de "historias personales" y familiares. "Lo han hecho entre seis personas y en cada uno está impreso algo que tiene que ver con nuestro mundo más cercano", como la foto de su cobaya o una imagen de los padres de María durante un viaje a Japón.

Pura artesanía en movimiento.

 
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