12-07-2019 / 20:49 h EFE

El Juzgado de lo Penal 3 de Huelva ha condenado a 28 meses de cárcel a un hombre por maltrato habitual a su mujer, que se vio agravado a partir de 1997 cuando sufrió un accidente laboral que le dejó graves secuelas, y a su hija desde que ésta, ya mayor de edad, se encargó también de su cuidado.

La sentencia, a la que ha tenido acceso Efe, lo considera responsable de un delito de malos tratos habituales, concurriendo la atenuante de dilaciones indebidas, y le impone la pena de 20 meses de prisión, y de otro delito de lesiones sobre la mujer por el que lo condena a ocho meses de cárcel.

Entre los dos delitos suma cuatro años y nueve meses de privación del derecho a la tenencia y porte de armas durante tres años y una orden de alejamiento de menos de 200 metros y de comunicación con ambas mujeres por un período de tres años en el caso de la hija y de cinco en el de la madre.

En concepto de responsabilidad civil deberá indemnizar a ambas en la cantidad de 3.400 euros.

Se considera probado que el acusado y su mujer estuvieron unidos en matrimonio durante más de 20 años, teniendo dos hijos en común.

En 1997 el acusado sufrió un accidente laboral que le dejó graves secuelas y graves dolores en las extremidades; esto motivó que incrementara el trato dominante y despótico con su mujer que ya manifestaba antes, exigiendo que ésta le procurara asistencia en todo momento e incluso cuando no le era del todo imprescindible, imponiendo su voluntad en todo momento.

Su trato egoísta y despótico hizo que su hija creciera sintiendo que su casa era un infierno y ello por lo habitual y constante de gritos, insultos y amenazas así como golpes que primero recibía su madre por parte del acusado y luego ella.

Cuando la esposa trataba de reaccionar contra ese trato o se negaba a dar al acusado más medicación que la que le era prescrita, éste la insultaba con ánimo vejatorio y humillante, llegándola incluso a amenazarla con suicidarse.

Cuando su hija comenzó también a colaborar con el cuidado de su padre, éste también comenzó a extender hacia ella el trato despótico, dominante, lo acompañaba de insultos iguales que los que dirigía a la madre y la amenazaba de muerte.

Además, el acusado impedía a su hija que saliera de casa y que se relacionara con amigos.

Todos los episodios de violencia física y psíquica sobre su mujer y su hija se daban aprovechando la intimidad del domicilio y las víctimas lo ocultaban por sentimientos de vergüenza y de pena hacia el acusado, mostrándose él como una víctima cuando recibía alguna visita en casa.

 
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