13-09-2019 / 17:30 h EFE

El escultor e imaginero Luis Álvarez Duarte, fallecido este viernes en Sevilla como consecuencia de un ictus, dejó su huella, entre otros muchos sitios, en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires, en la que se venera el Santísimo Cristo del Amor, el de los Futbolistas, que le encargaron los internacionales argentinos Héctor Horacio Scotta y Daniel Ricardo Bertoni.

Scotta y Bertoni, que venía de ganar el Mundial de Argentina de 1978, jugaban en esos años en el Sevilla y allí lo hacía también uno de los íntimos amigos de la infancia y del Colegio de los Salesianos de 'Luisito' Álvarez Duarte, como se le conocía por su precocidad, el centrocampista Pablo Blanco.

Fue por mediación de quien hoy es coordinador de la cantera del Sevilla, como Scotta y Bertoni, que venían de marcar 16 goles cada uno en la Liga, encargaron al escultor e imaginero una talla de un Cristo Cautivo para que un trozo de Sevilla estuviera en Buenos Aires, relató a EFE un amigo del alma del artista y del futbolista.

Bertoni se marchó a la Fiorentina y el cañonero Scotta al Ferrocarril de su país, pero su encargo se hizo y a los pocos meses de estar en el taller del escultor, ya lo tenía, era una impresionante talla de un Cautivo de una altura de 1,87 metros tallada en cedro libanés.

En esta iniciativa, colaboraron también otros campeones del Mundo argentinos como el portero Ubaldo Matildo 'El Pato' Fillol, Olvaldo Ardiles, Alberto Tarantini o 'El Matador' Mario Alberto Kempes: sobraban razones para su denominación.

La imagen fue trasladada desde el Aeropuerto de San Pablo de Sevilla al de Buenos Aires por un avión de la Fuerza Aérea argentina y, desde 1981, se venera en la catedral bonaerense y procesiona los Viernes Santo por la capital de Argentina entre la devoción de fieles e hinchas del fútbol.

Una vez en el templo de la capital argentina, el Cristo fue bendecido por Monseñor Keegan y, desde entonces, se le reza allí y en las calles, desde el pueblo hasta el en aquellos años cardenal de Buenos Aires y hoy Papa Francisco, Jorge Bergoglio, quien compartía además con Scotta la pasión por el San Lorenzo de Almagro.

Pese al relativamente breve periodo que ambos estuvieron en Sevilla, Scotta (1976-1980) y Bertoni (1978-1980) quedaron marcados por la ciudad, no en balde la hija del cañonero, Cynthia, se quedó a vivir en la ciudad y tuvo un hijo que ya ha debutado con el primer equipo sevillista; y Bertoni bautizó a una de sus hijas con el nombre de Macarena.

Es precisamente Héctor Horacio Scotta el que hoy se encarga de cuidar al Cristo de los Futbolistas, al que recientemente le ha sufragado una nueva túnica, azul, y un cíngulo dorado, que han sustituido a la ya avejentada con la que salió de Sevilla en los albores de la década de los ochenta del siglo pasado.

 
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