03-10-2019 / 15:10 h EFE

El violador del ascensor, que ha estado media vida en prisión por matar a dos jóvenes y agredir sexualmente a otras 18, ha roto este jueves su silencio habitual en el juicio por cuatro nuevos ataques perpetrados en Madrid. Ha confesado, ha pedido perdón por todo y ha reclamando ayuda para frenar un impulso incontrolable.

Pedro Luis Gallego, de 61 años, ha acudido con semblante serio a la Audiencia Provincial de Madrid, que le ha juzgado por cuatro agresiones sexuales perpetradas en las cercanías del hospital La Paz a finales de 2016 y principios de 2017: dos fueron intentos y en otros dos casos llevó a las mujeres a Segovia, donde las violó repetidamente para devolverlas a la capital de España al día siguiente.

Hacía tres años que había salido de la cárcel al derogarse la doctrina Parot, por la que habría estado en prisión hasta 2022 al haber sido condenado a 273 años de cárcel por la violación y el asesinato de Leticia Lebrato, de 17 años, en Valladolid, y de Marta Obregón, de 19, en Burgos, además de otras dieciocho agresiones sexuales.

Nada más comenzar el juicio ha confesado -"Me considero culpable" ha dicho- y al final ha hecho uso de la última palabra para hacer lo que, según han destacado el fiscal y algunas letradas, no había hecho hasta ahora: asumir su culpabilidad, pedir perdón e incluso reclamar ayuda.

"Le hablo con el corazón en la mano, sabiendo que me voy a morir en la cárcel", ha dicho al tribunal con seguridad, siempre sin quitarse las gafas oscuras, y ha añadido: "Estoy arrepentido de todo lo que he hecho, e incluso de haber nacido".

"Que me entiendan a mí también porque yo me considero una víctima de mí mismo. Tengo un impulso que no puedo controlar", ha asegurado tras manifestar que tiene un problema psicológico del que no ha sido tratado específicamente, a pesar de haberlo solicitado, y para el que ha pedido que se le aplique un programa específico.

Tras haber permanecido tranquilo y quieto durante el juicio, casi sin moverse en el banquillo de los acusados, Gallego ha hablado sin titubeos durante unos cinco minutos.

De pie, cogiendo el micrófono de la sala con ambas manos, el violador del ascensor ha comenzado su intervención con voz firme explicando que desde los 19 años tiene un problema psicológico por el que su vida no ha sido normal, y de hecho la ha calificado como "un desastre", con 32 años en la cárcel.

Ha explicado que solicitó un "programa terapéutico específico" para su problema, "una especie de impulso que no se puede controlar", pero que no se lo facilitaron en prisión, de modo que tuvo que acudir a una ONG y a una psicóloga que pagó él.

La Sección Sexta ha dejado visto para sentencia el juicio por los cuatro delitos: dos intentos de rapto y agresión sexual el 16 de diciembre de 2016 y el 2 de abril de 2017, y dos raptos y agresiones sexuales consumadas en las que llevó a las mujeres a Segovia y las violó repetidamente, el 19 de febrero y el 14 de abril de 2017.

Por todo ello la Fiscalía solicita más de 90 años de cárcel y pide que cumpla efectivamente 25, sin beneficios penitenciarios, y además que durante diez años más no pueda estar en la Comunidad de Madrid, donde viven las víctimas.

Las letradas de las afectadas se han adherido a esta petición del fiscal y, después del juicio, se han mostrado "muy conformes" con la confesión. La defensa de Gallego también se ha sumado a la solicitud del Ministerio Público y ha pedido ayudas para su representado.

Al haber confesado Gallego, las partes han renunciado a la práctica de las pruebas en sala y de los testimonios de testigos y pruebas periciales, de manera que solo han declarado las cuatro víctimas, a puerta cerrada y con biombo para no ver a su agresor, y la instructora del caso en Policía Nacional.

Esta inspectora ha relatado que fue con la segunda denuncia por agresión sexual de una de las víctimas cuando establecieron un patrón en el "modus operandi" que les hizo pensar que se trataba del mismo autor, además de vincular los casos de dos mujeres que fueron abordadas en situaciones similares pero que al no consumarse la agresión fueron registrados como robos con violencia.

Así, ha explicado que las mujeres "eran abordadas a punta de pistola en una misma zona e "intentaba meterlas en un coche blanco". Finalmente localizaron ese coche y un número de teléfono del que luego se supo que era su cuñado y que Gallego había proporcionado a la Policía cuando en algún momento denunció que había perdido su DNI.

 
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