15-10-2019 / 21:53 h EFE

El dramaturgo inglés Peter Brook, Premio Princesa de Asturias de las Artes 2019, ha afirmado este martes sobre William Shakespeare, uno de los grandes genios de la literatura del que es un destacado experto, que "nunca le entenderemos" y que "resulta ridículo intentarlo".

“El milagro y el desconocido infinito de Shakespeare como verdadero genio, es alguien al que durante años hemos intentado saber quién es y eso es algo ridículo porque nunca lo entenderemos”, ha indicado Brook ante un público entregado en el Teatro Palacio Valdés de Avilés, que lo ha recibido y despedido de pie entre aplausos y vítores.

En una conversión sobre el escenario con el actor Antonio Gil, con el que ha coincidido en algunas ocasiones, el llamado “maestro de generaciones” explicó con mucho humor su primer contacto con la cima de la literatura británica.

Fue con Hamlet, de muy pequeño, entonando el famoso monologo del protagonista con la calavera de Yorick en su mano.

Repitió tantas veces el “Ser o no ser” con su “vocecita de niño pequeño”, que terminó por acabar con la paciencia de sus padres, que por entonces, lejos estaban de saber que su hijo terminaría convirtiéndose en tan afamado dramaturgo.

Este polifacético inglés, que se estrenó como director con apenas 20 años, sigue en activo a sus 94 años.

Durante su encuentro con el público, Brook habló del proceso creativo y se detuvo ampliamente en el universo de Shakespeare, del que dijo que en sus obras no hay personas, hay personalidades y no solo héroes si no seres humanos, “y cuando más profunda sea la representación del actor, más profunda será la persona que esté allí presente”.

El jurado de los premios Princesa lo catalogan no sólo como “maestro de generaciones” si no como el mejor creador de teatro del siglo XX y dijo que esas palabras le retrotraen a su obra “El espacio vacío”, al espacio creativo, con tan sólo un actor y un público frente a él.

“Podemos casi volar como Aladino en la alfombra mágica a muchos lugares”, comentó sobre el hecho creativo.

Sobre lo que queda de “Los hilos del tiempo”, su libro de memorias, y sobre el niño que fue, dice que sigue todo.

“Todos somos parte de esto tan extraordinario que se llama la humanidad y también hay algo en ella que es el ser humano, nadie sabe nada de los misterios del ser humano, y mientras haya vida, habrá lo desconocido y lo estaremos explorando juntos, como cuando era niño”, ha reflexionado.

Haciendo gala a cada momento de gran sentido del humor, recordó que de niño quería ser diplomático, agente secreto y periodista en el extranjero, toda vez que como actor comprobó que era el peor del mundo.

“Como niño yo quería, por encima de todo, descubrir y viajar, y lo primero que quise es ser un corresponsal en el extranjero que va a todas partes como parte de su trabajo, pero también pensé que quería ser un espía”, comentó Peter Brook, que terminaría convirtiéndose en uno los creadores más brillantes e innovadores de la dramaturgia del siglo XX.

 
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