24-10-2019 / 17:00 h EFE

Un hombre acusado de intentar estrangular a su madre en San Lorenzo de El Escorial en junio de 2018 ha reconocido que trató de asfixiarla porque buscaba castigarse para ir a la cárcel, pero sin intención de acabar con su vida, movido por un sentimiento de culpa fruto de la enfermedad mental que padece.

Así lo ha declarado Miguel A.S. en el juicio celebrado este jueves en la Audiencia de Madrid, en el que se enfrenta a un delito de asesinato en grado de tentativa con la agravante de parentesco, y en el que la Fiscalía ha rebajado su petición de pena de 14 a 10 años al estimar que una "depresión moderada" le alteraba sus facultades.

Miguel ha relatado que sobre las ocho de la mañana del 4 de junio de 2018 se encontraba al cuidado de su madre, y después de tener una discusión, se abalanzó sobre ella en la cama e intentó estrangularla.

Al percatarse de que la mujer perdía el sentido, llamó al 112 desde el salón, diciendo "he matado a mi madre", sin pensar que estaba muerta, "para que la socorrieran más rápido" y lo detuvieran. "Estaba buscando mi castigo".

Según su versión, regresó a la habitación para tratar de reanimarla, una versión opuesta a la del Ministerio Público, que sostiene que el acusado retornó y, al comprobar que la mujer aún respiraba, volvió a cogerla del cuello para tratar de acabar con su vida.

El fiscal ha subrayado la rapidez de la Guardia Civil en llegar al domicilio, situado en la calle Claudio Coello, que permitió salvar la vida de la mujer.

Agentes del instituto armado han contado que, una vez en el bloque de la vivienda, encontraron a Miguel sentado en las escaleras, sin oponer resistencia y "colaborador" desde el inicio.

Hasta en dos ocasiones se dirigió a ellos, anunciando: "He matado a mi madre".

Los guardias civiles hallaron a la mujer inconsciente pero aún viva; intentaron reanimarla hasta que llegaron los servicios de emergencias y la trasladaron al hospital.

El acusado ha mantenido que su intención no era matarla. Ha señalado que el "carácter difícil" de la progenitora -una opinión secundada por los familiares que han comparecido como testigos- no fue el motivo de su ataque, sino que la utilizó como medio para ser detenido.

Se ha justificado en que "no era plenamente consciente" de lo que hacía; estaba "mal de la cabeza" y llevaba más de un mes sin tomar la medicación prescrita por un psicólogo de servicios sociales que le atendía desde finales de 2016.

"Yo me quería hacer daño, pero no he podido", ha zanjado Miguel, un testimonio corroborado por el psicólogo, quien ha explicado que le atendió hasta en 47 ocasiones y le diagnosticó un trastorno depresivo mayor con episodios de ansiedad prolongada que le bloqueaba a la hora de tomar decisiones.

Según un experto en psiquiatría citado también hoy, el procesado, al tener una enfermedad mental grave, desencadenó una "afectación relevante que ha podido tener influencia en los hechos que se juzgan".

Los hermanos del acusado también han achacado su actuación a la depresión que padecía, ya que tenía buena relación con la madre. Y su exmujer lo ha corroborado: "Estaba muy deprimido. Quería quitarse de en medio".

Miguel, en prisión provisional desde el 6 de junio de 2018, ha escuchado cabizbajo en el banquillo el transcurso de la sesión, a cuyo término la defensa ha solicitado su libertad condicional hasta la publicación de la sentencia.

 
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