16-12-2019 / 10:00 h EFE

Irene García, de la asociación asturiana de género y agroecología Varagaña, ha explorado en el espacio comunitario Plazara las claves del feminismo, la soberanía alimentaria y la agroecología, cuyo estudio "pone encima de la mesa opresiones existentes en materia de género, clase y etnia".

El Foro de Soberanía Alimentaria, Feminismos y Defensa del Territorio celebró este fin de semana entre Pamplona y Elizondo su segunda edición organizado por Mugarik Gabe y con más de 100 asistentes y ante ellos García ha hablado sobre agroecología y feminismos.

Se trata de investigaciones que realiza en "un territorio bastante hostil para estos temas como es Asturias", y que le llevan a firmar en primer lugar que las soberanías alimentarias y los feminismos, "en plural", son utopías que se ven en un horizonte al que se intenta caminar.

Por eso García ha llamado a vivir "con humildad" en un mundo "lleno de contradicciones", y al respecto ha apuntado que "nos consideramos feministas, pero algunas tenemos miedo de salir a la calle solas, o caminamos hacia una soberanía alimentaria pero nos alimentamos como podemos".

En relación con la soberanía alimentaria y el acceso a la alimentación ecológica ha animado a "buscar un equilibrio" en el que se remunere de manera justa a los productores y al mismo tiempo el alimento sea accesible para todas las personas "y no solo para una élite".

También ha deslizado las ideas de los feminismos rurales, que a su juicio cuestionan las bases del feminismo hegemónico, basado en "la cultura blanca y urbanita", donde el centro es el pensamiento europeo y occidental.

Estos feminismos rurales, que "son heterogéneos", ha dicho esta especialista, se entrelazan con la agroecología al cuestionar el "sesgo antropocéntrico que mantiene el feminismo hegemónico", que considera la tierra como un recurso al servicio de las personas.

Y ha agregado que los feminismos rurales analizan y critican que "el feminismo se haga en contextos urbanos y que no tome como contexto las realidades rurales".

Ha hecho por ello un llamamiento para introducir la variable de género cuando se habla de aspectos rurales y en este sentido ha indicado que "el patriarcado plantea conceptos como la biodiversidad o una finca como conceptos asexuados".

Según Irene García, estudiosos en la materia, "casi siempre hombres y blancos", idealizan la agricultura familiar "como elementos que se complementan" y olvidan esas relaciones "de subordinación" que hay en estos núcleos familiares, por lo que ha abogado por visibilizar "la opresión patriarcal que puede haber en estas comunidades y culturas campesinas".

Por último ha señalado como vías para poder cuestionar este modelo la colectivización de todos los trabajos, incluidos los cuidados, el reconocimiento de la cultura campesina y la recuperación del "concepto de tiempo", un aspecto que garcía considera que "escasea y afecta" también a los procesos productivos y de cuidados.

 
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