19-01-2020 / 10:19 h EFE

Manuela (Uruguay, 1979) lleva toda una vida luchando por ser ella misma, enfrentándose a una sociedad que en ocasiones le ha dado la espalda. Pero no ha cejado en su empeño y, después de doce años, está a punto de terminar su transformación a mujer, que ansía desde los cinco años.

Ella siempre se ha sentido así, desde bien pequeña, según reconoce en esta entrevista con EFE, donde recuerda su infancia y las dificultades con las que se ha encontrado desde que tiene uso de razón: "He sentido mucha ansiedad, mucha angustia y mucho estrés", precisa.

Aunque ella comenzó el proceso a los 28 años, apunta que es mejor hacerlo en la infancia, pero indica que eso depende de las familias. Ella no pudo, pero siguió el consejo de su abuela, quien le recomendó que callara y estudiara, para hacer más adelante lo que ella quisiera.

Y así lo hizo. Estudió Enfermería, emigró de Uruguay, su país natal, a España y ahora trabaja en una residencia de ancianos. "Mi principal miedo era que me pudiera afectar laboralmente", señala. Afortunadamente no fue así y sus jefes aceptaron el cambio con normalidad.

Pregunta.- ¿Cómo fue el tránsito?

Respuesta.- Lo comencé cuando tenía 28 años, hace casi doce años y todavía sigo. Me ha producido mucho estrés, ansiedad, mucha angustia e incertidumbre. Mi principal miedo era que me pudiera afectar laboralmente o que no me aceptaran en el trabajo. Por entonces estaba trabajando de auxiliar de enfermería en una residencia de ancianos.

P.- ¿Y le afectó laboralmente?

R.- Lo comuniqué a la empresa un mes antes de la intervención quirúrgica que me hicieron en Málaga, pero antes había comenzado con la eliminación del vello facial mediante láser. La verdad es que la directora de la residencia y los compañeros y compañeras lo aceptaron bien, también los residentes y sus familiares, aunque a estos últimos no les dije nada.

P.- ¿Le derivaron a Málaga?

R.- Sí, porque en Aragón no se hace este tipo de intervención. Me atendieron en Málaga y no me trataron bien, salí llorando de la consulta porque me dijeron que tenía que comenzar el protocolo de cero.

P.- ¿Cuánto tiempo ha durado el proceso?

R.- Desde que en 2008 pregunté en mi ambulatorio, en el centro médico de La Jota, hasta el día de hoy, porque estoy a la espera de otra intervención quirúrgica. Me operaron mal y tuvieron que hacerme varias reparaciones.

P.- ¿Le ha costado mucho dinero?

R.- Sí, es carísimo. Alrededor de 7.000 y 8.000 euros sin sumar viajes a las consultas o el láser, que suma en total otros tantos.

P.- ¿Cómo le ha afectado psicológicamente?

R.- Es algo que repercute en todos los ámbitos de tu vida, social, laboral y psicológicamente. Hay que tener en cuenta que el tránsito es una forma de enfrentarse a la sociedad con el añadido, en mi caso, de que no es lo mismo ser un chico que una chica. Yo estaba las labores de supervisión sin ningún problema cuando era chico, pero al hacer el tránsito a mujer comenzaron los problemas y tuve que dejarlo.

P.- Hizo el tránsito a una edad adulta, ¿le habría gustado hacerlo antes?

R.- Sí, es mejor antes, pero eso depende de la familia. Yo desde que tengo noción de conciencia, desde que tengo memoria, tenía claro que quería ser mujer. Cuando lo dije por primera vez tendría cinco años y una parte de la familia no me escuchó. Mi abuela me dijo cállate, estudia y el día que quieras serás tú mismo. Y eso hice, estudié Enfermería, que es una carrera que vale en todos los países.

P.- ¿Y cómo fue su infancia?

R.- En una situación así no tienes infancia literalmente. Te relacionas a la defensiva, en el ostracismo, estás siempre a la expectativa de que alguien te descubra y no te acepte... Yo después del tránsito me veo en las fotos y me veo igual, sí que me reconozco.

P.-¿Cómo se siente ahora que está llegando al final?

R.- Estoy cansada, quiero terminar...

P.-¿Le daría miedo cambiar de trabajo?

R.- Yo empecé a trabajar en una residencia y he empezado en otra, y la verdad es que no. No he tenido problemas. Sólo un compañero me preguntó si yo era un hombre y yo le contesté que la pregunta estaba mal hecha, que si quería preguntarme otra cosa que lo hiciera.

P.- ¿Cree que en España se está normalizando la realidad trans?

R.- Depende... Si la expresión y la estética van acordes con el género elegido no suelen tener mucho problema. Es decir, si te ven como una mujer o como un hombre, no incomoda, está bien. Pero cuando la disidencia es grande, cuando la imagen no va acorde, por ejemplo un chico trans con mucha mama, eso sí que genera conflicto. Pero si el interlocutor te lee como una mujer o como un hombre no suele haber problema.

P.- Aragón aprobó por unanimidad en la pasada legislatura una ley trans, ¿es efectiva?

R.- Creo que es insuficiente, creo que hay que poner un cupo laboral trans y promover una ley estatal para cumplir en todos los territorios. Esto debería ser un compromiso político de todos los partidos, no es una cuestión partidista, sino de Estado.

 
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