01-03-2020 / 23:20 h EFE

Después de las dos victorias cosechadas en el Santiago Bernabéu con el Betis en las dos temporadas anteriores, Quique Setién vivió desde el banquillo del Barcelona su primer clásico, un partido especial para todos los azulgrana y del que no salió bien parado por su pizarra táctica.

El técnico cántabro apostó por un 4-4-2 de inicio con una línea de cuatro centrocampistas formada por Sergio Busquets junto con el holandés Frenkie de Jong, el chileno Arturo Vidal y el brasileño Arthur Melo. El objetivo, tener más posesión y no dar tanto pie a jugadas rápidas de los atacantes rivales por su velocidad, el verdadero peligro del Real Madrid.

Ese objetivo lo consiguió Setién durante la primera parte. Su equipo tuvo posesión, no sufrió sin balón, pero la pocas ideas que demostró en línea de tres cuartos hicieron que su juego fuera en algunos momentos tedioso y más práctico que vistoso.

De Jong y Arthur, los dos jugadores encargados de imaginar jugadas y cambiar el ritmo del partido desde la medular, no tuvieron excesivo protagonismo, aunque el brasileño sí tuvo una ocasión con un mano a mano con Courtois que el belga acertó a despejar.

Setién vio cómo el gran protagonista de nuevo volvió a ser el de siempre, Leo Messi, que tuvo dos ocasiones muy claras para marcar en la primera parte y en ambas sus remates se encontraron con Courtois.

El argentino se desesperó con el ritmo lento de su equipo y se contagió de él. Como prueba el balón que recibió a los 70 minutos y que no aprovechó para irse en velocidad de Marcelo, que estuvo más listo que él para arrebatarle el esférico.

Impasible desde la zona técnica, Setién contempló el primer gol del Real Madrid, obra de Vinicius con un remate que desvió Piqué. Esa acción llegó por la banda derecha de su defensa, un carril que comenzó a buscar con insistencia el Real Madrid tras el cambio de Vidal por Braithwaite.

La pérdida de consistencia en la medular le generó muchos problemas al Barcelona, sobre todo porque el partido se volvió loco a raíz del cambio que hizo Setién al dejar más huecos en el centro del campo.

En el tiempo añadido otra decisión suya reflejó que no era su noche ni tampoco la de su equipo, que acabó lamentando sobre el césped el poco fútbol mostrado y sobre todo la sensación de que nunca pudo ganar el partido.

Un saque de banda en línea de tres cuartos pilló desprevenido a Umtiti, que acudió tarde a la marca de Mariano y éste se marchó solo y sin oposición a la portería de Ter Stegen. Su remate cruzado supuso el 2-0 en el tiempo añadido y el final a una noche triste en la que el principal perjudicado fue él.

Las caras de los jugadores azulgranas tras ese gol, unos mirando al suelo y otros al cielo, fue el dibujo de una noche aciaga para el Barcelona. Derrota en el Barcelona, pérdida del liderato y malas sensaciones por el juego desplegado. Con ese balance regresa a casa el equipo de Setién.

 
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