05-03-2020 / 15:11 h EFE

La ONG Proyecto Hombre Cataluña ha abierto un piso específico con una capacidad máxima de ocho plazas para atender a mujeres con adicciones en un espacio situado en un edificio anexo al centro que la entidad tiene en Montgat (Barcelona).

Este piso acoge a mujeres usuarias del programa de tratamiento de la comunidad terapéutica que Proyecto Hombre tiene en el municipio de Montcada i Reixac, que se celebra de lunes a jueves, y con el acompañamiento de una educadora se desplazan al piso de Montgat para seguir con las actividades y pasar la noche.

El objetivo del piso es "adecuar un espacio de tratamiento personalizado a las necesidades de las mujeres usuarias, un colectivo que es minoría entre las personas que piden ayuda", ha indicado Proyecto Hombre.

En este nuevo espacio se permite "disponer de una área más cómoda e íntima donde se pueden llevar a cabo grupos terapéuticos específicos de temas como la sexualidad o bien actividades lúdicas y de salud".

La apertura de este piso forma parte de un proyecto transversal de Proyecto Hombre que "facilita la accesibilidad de las mujeres con adicciones al programa de tratamiento y mejora la atención específica de las mujeres dentro de estos programas".

Para conseguir este objetivo "se han puesto en marcha una serie de medidas como destinar recursos específicos para mujeres en riesgo de exclusión social o bien la capacitación y formación de equipos de profesionales de la entidad en perspectiva de género".

En ese sentido, Proyecto Hombre ha iniciado también "un ciclo de seminarios de prevención de las actitudes machistas y de la violencia de género, creando espacios de reflexión donde hablar de sexualidad, las relaciones de pareja, la paternidad consciente, las emociones y la vulnerabilidad o el poder y el privilegio".

La entidad ha informado de que "solo el 17,1 % de las personas que piden ayuda durante 2019 son mujeres" y que estas mujeres, "además de la propia adicción, afrontan situaciones de más presión social, más cargas familiares o mayores limitaciones económicas que los hombres".

Además, las mujeres "tienen un patrón de consumo con drogas más aceptadas socialmente, lo que contribuye a su invisibilización", como lo demuestra el hecho de que "el consumo de alcohol como principal sustancia de consumo es más elevado en mujeres (38,6 %) que en hombres (33,5 %).

Estos factores, sumados a la media de edad más elevada de las mujeres atendidas (40 años de las mujeres por 38 de los hombres), contribuyen a que "en el momento de empezar un tratamiento, las mujeres lo hagan con un mayor deterioro físico y psicológico, con menos apoyo social y más dificultades económicas".

 
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