13-03-2020 / 19:10 h EFE

Encerrados en su habitacin, bajando por turnos a por la bandeja de la comida y con muchas horas por delante para estudiar. Esta es la cuarentena autogestionada que se han impuesto desde esta maana los 50 moradores del colegio mayor Cesar Carlos de Madrid tras ser notificado un positivo de coronavirus.

Con capacidad para un centenar de opositores, este centro situado en la Ciudad Universitaria comenz a tomar medidas el lunes, cuando una persona se enter de que haba tenido contacto con un positivo, explica a Efe su rector Enrique Marugn, un joven de 26 aos que en diciembre super los exmenes de Inspeccin de Hacienda y esta semana comenzaba el curso selectivo.

En coordinacin con las autoridades sanitarias, y aunque no tena sntomas, se decidi su aislamiento: se vaci una planta entera del colegio, con su bao, y se restringi el acceso a la zona; solo entra la persona que, protegida con mascarilla y guantes, le lleva la comida y recoge despus su bandeja vaca. Hasta su ropa se lava aparte.

Durante la semana tres o cuatro compaeros tuvieron algunas dcimas de fiebre y los servicios sanitarios les recomendaron permanecer un par de das en sus respectivas habitaciones; en principio sin cuarentena porque no tena por qu ser el COVID-19.

Pero anoche un colegial que se haba ido el martes a su casa, en Andaluca, llam con la noticia: haba dado positivo.

En los telfonos habilitados por la Comunidad de Madrid les explicaron, ya de madrugada, que la situacin haba cambiado: la regin es zona de transmisin comunitaria y las pruebas se realizarn cuando alguien presente problemas respiratorios graves.

"Lo ideal sera aislaros, pero no tenemos capacidad". Ese fue el mensaje que recibi Marugn, que ha pasado toda la noche en contacto con el 112 y la empresa concesionaria de las comidas -ahora tambin suministradora de sus medicamentos y de los desinfectantes- para coordinar una estrategia.

El Csar Carlos es un colegio mayor autogestionado y su cuarentena, como dice Marugn, es "improvisada y manual".

El centro se ha partido en dos mitades: una para los trabajadores -entre diez y quince personas que se ocupan de la cocina, el comedor, la limpieza y la garita de entrada- y otra para los opositores, que se encargan de asear y desinfectar su rea.

"Solo yo me muevo entre las dos zonas", explica el joven, que reconoce que las medidas implantadas desde esta maana son ms sencillas de aplicar porque el colegio est a mitad de su capacidad ya que muchos opositores dejaron Madrid al suspenderse sus exmenes por la crisis.

La consigna es permanecer en la habitacin. "Y es bastante pequea", reconoce. Se han establecido turnos de diez minutos para bajar en grupos reducidos a recoger las bandejas de las comidas, que ahora se facilitan en tperes desechables, y turnos de nuevo para devolverlas y tirar los envases a un contenedor.

Todos los trabajadores van protegidos con guantes y mascarillas y se han desinfectado las zonas comunes.

"El ambiente es muy raro. Normalmente es de estudio y silencio absoluto, como un monasterio, menos las horas de comidas y cenas, que nos juntamos. Pero esta semana haba nerviosismo al ver que se iban suspendiendo las oposiciones. Para muchos ha sido ms doloroso eso", seala el rector, que destaca que todos los compaeros han asumido las nuevas reglas con responsabilidad.

Tienen por delante, en principio, dos semanas sin pisar la calle y evitando el contacto dentro del centro, aunque podrn bajar unos minutos a las zonas comunes manteniendo distancias de seguridad.

En la planta de aislamiento, por ahora, sigue solo el colegial que fue confinado en ella el lunes. Por consejo de las autoridades sanitarias.

 
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