14-03-2020 / 11:00 h EFE

Cocina con mascarilla, se lava las manos con más esmero de lo habitual, trabaja más que cuando está en la oficina y, ante todo, echa de menos su cita semanal con su pequeño nieto.

Jordi Martí es concejal de Presidencia del Ayuntamiento de Barcelona y no pisa la calle desde el pasado lunes día 9, cuando inició una cuarentena preventiva tras haber compartido una reunión de trabajo, unos días antes, con una persona que ha dado positivo por coronavirus.

Cuenta que el lunes a primera hora recibió una llamada que le alertaba de la situación. El teléfono le sonó prácticamente entrando en el Ayuntamiento, pero al conocer la noticia dio media vuelta y deshizo el camino para regresar a su hogar.

En conversación telefónica con Efe, el edil del equipo de gobierno municipal que lidera Ada Colau asegura que se encuentra en perfectas condiciones y que desde casa trabaja "tanto o más" que cuando está en el consistorio. Así deberá permanecer como mínimo hasta el viernes 20, unas dos semanas en total.

El jueves estuvo "enganchado a la pantalla" de nueve de la mañana a ocho de la tarde, y el viernes llegó a mantener dos reuniones a la vez. No puede desdoblarse en persona, pero la tecnología sí se lo permite.

Tiene la suerte de vivir en un apartamento "con bastante luz", "ventilado" y espacioso, por lo que no le es difícil mantener "una distancia prudencial" con su pareja y su hijo -el menor de cuatro-, con quienes convive.

A modo de ejemplo dice que no comparte sofá con ellos o que lava la ropa con agua algo caliente.

A Martí hay que imaginárselo en la cocina cortando unos tomates y friendo unos huevos, pero con mascarilla, porque nunca se sabe; abriendo con precaución la puerta de casa para recoger los solomillos que le han dejado en el rellano los de la carnicería del barrio; o maldiciéndose por haberse equivocado de toalla y no haber usado la que tiene asignada para no compartir microbios con los demás.

Relata que sigue a rajatabla las indicaciones que le han dictado -"prohibido salir y prohibido visitas"- y que no ha ido a tirar la basura ni ha permitido que su madre acuda a regalarle unas carantoñas.

Tampoco puede cuidar de su nieto, de quien suele hacer de canguro una vez por semana, uno de sus pasatiempos favoritos: "Es lo peor del confinamiento, ¡en serio!".

Pero no moverse de casa también tiene ventajas: redescubrir el agradable solecito mañanero sentado en el balcón o zambullirse en lecturas olvidadas.

Martí no es muy de series, así que, a falta de cenas en restaurantes o películas en el cine, ha invertido parte de su tiempo de ocio en "El desgavell", de Ferran Planes; "La inmortalidad", de Milan Kundera; o "El Estado emprendedor", de Mariana Mazzucato.

Toca otra semana (mínimo) de confinamiento y el concejal se lo toma con filosofía: "Estoy en casa para proteger al resto, no a mí, que sin síntomas puedo tener una vida normal", nos recuerda y se repite a sí mismo.

 
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