24-03-2020 / 11:41 h EFE

En una dcada larga, Antonio ha recogido cientos de muertos en hospitales, pisos o residencias de ancianos. Cuando llega a casa, se quita la ropa de empleado de funeraria y se convierte en otra persona. As era hasta ahora porque con el coronavirus la tristeza se ha quedado pegada a su traje y no puede desprenderse de ella.

Trabaja en una de las funerarias ms importantes de Madrid y reconoce que estn desbordados. Fue l quien recogi al primer fallecido por el COVID-19 en la capital y desde entonces no han parado, con jornadas de doce y trece horas. Incluso, de tres das que tena libres solo disfrut de uno.

Precisamente, este "aluvin" de muertos -muchos, segn asegura a Efe, en residencias de mayores- se ha producido en una poca en la que normalmente baja el nmero de defunciones. En un ao normal, ya ha pasado el invierno y las cifras de fallecidos, sobre todo de personas mayores, se reducen considerablemente.

Dice Antonio que no pueden dar abasto y que los cadveres, casi amontonados, se acumulan en un tmulo en espera de poder ser incinerados.

Y es que frente a lo que es habitual, con una media diaria en Madrid de 25 fallecidos y un mximo de 30 en una jornada "fuerte" recogidos por su empresa, se ha pasado con la pandemia del coronavirus a una media de 80.

En la jornada anterior a la conversacin con Efe, Antonio y sus compaeros haban recogido 94 cuerpos, casi cuatro veces ms que un da cualquiera.

An no han llegado los das de picos ms altos, segn las autoridades sanitarias, pero solo con las cifras de fallecidos en estos ltimos quince das se puede hacer una idea de la dimensin de la pandemia. Si la empresa para la que trabaja este empleado termina un mes con aproximadamente 700 expedientes, solo en 6 das de la semana pasada haba hecho 420.

"La gente est trabajando como nunca y hasta el que ms perrea normalmente, se ha involucrado a tope. Hasta han venido compaeros de otras provincias a ayudarnos", resalta a Efe Antonio.

Todos ellos se protegen contra el contagio y, de momento, no conoce ningn caso entre los compaeros. "Ser que lo estamos haciendo bien", apostilla.

"Lo ms peligroso son los domicilios. Usamos buzos, monos plastificados, mascarillas de calidad, gafas y tres pares de guantes por cada intervencin", explica.

Ya en la vivienda, hospital o residencia, los empleados de la funeraria meten primero el cuerpo en un sudario con cremallera y despus en otro, que es el que habitualmente se usa cuando trasladan el cadver a una provincia distinta.

Tanto al fallecido como al fretro se les roca con un compuesto de leja (40 por ciento) y agua (60 por ciento) y se traslada al tanatorio. En las diferentes operaciones, los empleados se van despojando de guantes para ir tirando los que van estando en contacto. En cada coche llevan una caja con 100 pares.

Por el momento, segn Antonio, la empresa les ha dotado de todo el material de proteccin necesario y no les ha faltado de nada. Lo que contrasta con algunas residencias donde han ido a recoger cuerpos. En una de ellas, una de las cuidadoras les cont que llevaba tres das usando la misma mascarilla.

En ms de diez aos de trabajo Antonio ha visto muchas cosas, algunas muy desagradables, pero nada como en esta pandemia. Quiz por su experiencia, no tiene tanto miedo al contagio como sus compaeros ms jvenes.

S siente mucha tristeza, sobre todo por las familias. "Me dan mucha pena", reconoce. Como ejemplo, pone el traslado que hizo de un fallecido a un pequeo pueblo de Ourense. Muy diferente a un funeral de pueblo, donde casi todos los habitantes acuden. En esta ocasin, solo la viuda del difunto, la hija, el yerno y un nieto, adems del enterrador y el cura.

"No fue nadie ms. Es muy triste, muy fro todo", lamenta. Y se imagina qu puede sentir un hijo cuando le llaman de la residencia para comunicarle el fallecimiento de su madre. No podr ir al centro ni al tanatorio, no podr velarla. "No la volver a ver".

Porque, como explica Antonio, el fretro "no se abre bajo ningn concepto" y en el crematorio se vuelve a sulfatar.

Al crematorio s puede acudir algn familiar. Antes, miran la chapa que la funeraria pone en cada fretro con los datos personales del fallecido. "Preguntan si es su familiar. Se lo tienen que creer".

"Ven la chapa y se van cabizbajos. Es lo que peor llevo. Ver a los familiares as, sin poder despedirse", contina Antonio.

l est con ellos pero sin arrimarse porque no sabe si han estado en contacto con el infectado fallecido. Pero a esa distancia prudencial, les arropa.

"Trabajar en esto te hace muy duro y no te lo puedes llevar a casa. Tienes que apartar el trabajo del resto de tu vida, quitarte la ropa y ser otra persona", dice Antonio. Ahora no puede hacerlo. La tristeza se le ha quedado pegada al traje.

 
Noticias relacionadas

    No se ha podido acceder al contenido, vuelve a intentarlo ms tarde.
PUBLICIDAD
<< >> Octubre 2021
L M X J V S D
        1 2 3
4 5 6 7 8 9 10
11 12 13 14 15 16 17
18 19 20 21 22 23 24
25 26 27 28 29 30  
Búsqueda por días
Introduce la fecha
PUBLICIDAD