30-03-2020 / 11:11 h EFE

Expresar las emociones y preocupaciones, ser escuchados y saber que alguien está pendiente de ellos palía la ansiedad y los miedos que las personas mayores padecen durante el confinamiento, según uno de los cuatro voluntarios del servicio telefónico de acompañamiento en el municipio valenciano de Alaquàs.

Este voluntario se llama Manuel, tiene 58 años y acumula experiencia en atención social gracias a sus iniciativas de cooperación internacional como bombero profesional.

El servicio telefónico "Alaquàs te escucha" surge a raíz del aislamiento social por la pandemia de coronavirus que, si puede ser duro de sobrellevar para muchos ciudadanos, para los mayores que viven solos va más allá.

El Ayuntamiento de esta localidad del área metropolitana de València ha puesto en marcha esta iniciativa y, de la misma manera que en otras poblaciones, es el propio alcalde quien se dedica a llamar uno a uno a los mayores para conversar con ellos durante un rato, explica a EFE la concejala de Bienestar Social, Elena Solís.

Alaquàs ya tiene un programa para mayores que pretende combatir la soledad no deseada con multitud de actividades culturales, sociales y de mantenimiento físico, además de caminatas -en colaboración con un programa de Sanidad- que acaban en una visita al castillo, "quedadas" para tomar café antes de ir a una presentación de ámbito cultural o almuerzos/meriendas para "hacer grupo".

A partir de este programa, la concejala se planteó: "Ya tenemos cubiertas a las personas que no puede comprar comida y a los sintecho, pero con la gente mayor que ahora está sola o tiene a su pareja enferma de Alzhéimer y no puede salir, ¿qué hacemos?".

Y surgió el servicio telefónico de voluntariado ciudadano a partir de la iniciativa previa de ayuda a domicilio para hacer la compra de alimentos o productos farmacéuticos a personas mayores, con el fin de evitar riesgos para su salud por el coronavirus.

Son cuatro voluntarios que atienden el teléfono desde cuatro líneas durante ocho horas al día, con otros diez voluntarios de reserva, además del teléfono de la concejala, que siempre "está disponible".

Uno de ellos, Manuel Atanet, 58 años, bombero profesional, tiene claro qué les pasa a las personas mayores en esta situación: se encuentran solas, no pueden salir y las que lo hacen, tienen miedo por el riesgo que supone, pero necesitan conversar y ser escuchadas; solo con eso se sienten "más tranquilas, más confiadas" porque saben que hay alguien pendiente de ellas.

"A veces solo con escucharlas es más que suficiente, y reforzar esa escucha repitiendo lo que dicen", opina Atanet, para quien "más importante que lo que cuentan es la descarga emocional y el alivio" que supone compartir con otro las preocupaciones y los miedos, racionales o irracionales.

Y es que la gravedad de lo que transmiten los mayores es subjetiva: lo que para personas más jóvenes puede ser anecdótico, a ellos les puede provocar ansiedad, y eso hace que se asusten aún más.

Cita como ejemplo el caso de una mujer preocupada por no saber si había cobrado la pensión, así que una compañera fue al banco a transmitir la duda y desde la entidad se llamó a la mujer y se le proporcionó toda la información. "Se quedó tranquila", indica.

Por su profesión de bombero, ha tratado con personas en circunstancias difíciles pero la pandemia del coronavirus ha traído algo más: la desaparición del contacto físico, que en estos momentos es "lo peor" y que, cuando se revierte, conlleva "muchos beneficios" ya que da "seguridad, protección, calidez y cercanía".

"El VIH fue una enfermedad horrible pero podías abrazar a los enfermos; ahora el virus no nos deja acercarnos", asegura.

Su madre, señala, vivió la guerra y la posguerra pero la diferencia es que entonces "te escondías y te aislabas pero estabas con tu familia, con tus vecinos".

Atanet aporta a su voluntariado actual, quizá de forma inconsciente, su experiencia social en operaciones de cooperación internacional de Médicos Sin Fronteras, Bomberos Sin Fronteras y Bomberos en Acción (ya desaparecida) en lugares como los campos de refugiados de Lesbos, Honduras, Nicaragua y El Salvador.

Ahora, atiende desde el martes pasado la línea telefónica de conversación con mayores en Alaquàs, donde existe una población mayor de 65 años de entre 600 y 800 personas.

Para dar a conocer la iniciativa, se han colocado carteles en farmacias, el centro de salud, la sede de la Policía Local y los comercios y ultramarinos.

 
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