03-04-2020 / 20:50 h EFE

Parece que los cuadrantes de los responsables del Arca de Noé no estaban muy bien hechos, y esta mañana no estaba formado el equipo completo de cuatro médicos y el supervisor que, habitualmente, hacemos las visitas en el control que tenemos adjudicado en este hospital de campaña.

A las ocho de la mañana, tan solo nos hemos presentado dos médicos. Parece que a un tercero le tocaba librar y no se había tenido en cuenta y con los otros dos no se qué había sucedido. Así que hemos llamado a Coordinación de Personal para explicar la situación y nos han mandado a una residente y a otro supervisor.

La residente MIR era muy maja, y el supervisor, un internista de un hospital madrileño, ha sido de gran ayuda. Sin poner ningún pero, se ha arremangado y ha empezado a ver enfermos como uno más.

Con el equipo formado, hemos empezado las visitas a los pacientes. Como ayer dimos tantas altas, hoy no había más de 30 pacientes en este control del pabellón 9, equipado con 50 camas, y la mayoría se encontraba bastante bien.

He dado solo tres altas, aunque podía haber dado alguna más, pero he preferido ser prudente; algo que me han agradecido alguno de los enfermos, que me han comentando que no tenían prisa y que preferían esperar y seguir allí hasta que su estado estuviera al cien por cien.

La mañana se había dado bien, y estaba contento de haber conseguido ver a todos mis pacientes asignados y de haberlos encontrado en tan buen estado, pero sobre las 14.00 horas el panorama ha cambiado con la entrada de seis nuevos ingresos que nos han dado bastante trabajo.

Primero, hemos tenido que esperar a que les dieran las camas para empezar con su valoración. Y, posteriormente, hemos comprobado que llegaban sin los informes pertinentes del hospital del que venían, La Paz.

No sabíamos en qué situación se encontraban ni el tratamiento que se les había dado hasta el momento, por lo que hemos tenido que acceder al sistema Horus, que recoge los informes de todos los hospitales de Madrid. Aun así, no hemos sacado nada en claro porque no había nada de ellos.

Uno de estos enfermos es filipino y tiene serios problemas de comprensión del idioma. De hecho, había ido a urgencias del citado hospital madrileño y había entendido que se tenía que ir a su casa, lo que había hecho. Le tuvieron que localizar en su domicilio para decirle que debía volver a ingresar en el centro.

Este ha sido el cierre laboral de esta semana en el pabellón 9 de este hospital de campaña: he terminado muy cansado, pero también muy contento de haber sacado en estos últimos días todo el trabajo adelante y de comprobar cómo la casi totalidad de los enfermos está estabilizado y en muy poco tiempo podrán irse de aquí.

Si no hay cambios ni contra órdenes, este fin de semana no tengo que ir a Ifema. Pero en los once días que llevo aquí, he comprobado que todo puede variar y quizá me toque trabajar. ¡Ya lo descubriremos mañana!

 
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