23-04-2020 / 10:21 h EFE

El Día del Libro se apresta a vivir este jueves la que va a ser la jornada más mustia de su historia como consecuencia de la pandemia de la COVID-19, en la que las aglomeraciones de personas alrededor de los puestos de venta de los libreros y los editores serán tan solo un recuerdo de lo acontecido en cualquier año anterior, incluso aquellos que se pudieron ver algo deslucidos por condiciones meteorológicas adversas.

El mimo y entrega con el que la Comisión Permanente del Libro de Zaragoza (COPELI) había preparado una vez más la tradicional e intensa jornada del 23 de abril se ha visto arrasada por el tsunami que ha supuesto a nivel mundial la aparición del coronavirus, con unas consecuencias de las que todavía se está lejos de ver el momento de su finalización.

Se quiere y pretende que la suspensión solo sea un punto y aparte al que pueda añadírsele este mismo 2020 un nuevo párrafo que le dé continuidad a un día que "no será igual", reconoce la presidenta de COPELI, Marina Heredia, aunque son conscientes de que puede ser el punto y final para empezar a pensar en el año siguiente.

"Es un día muy importante para todos, libreros, editores y autores. Es el evento más importante que para algunos llega a suponer hasta un 20 por ciento de las ventas del total del año", explica Heredia en declaraciones a Efe.

Por todo ello han tratado de encontrar en las redes sociales "la solución a la suspensión, porque daba mucha pena no celebrar el 23 de abril" y para ello han preparado una programación "intensa de firmas y recomendaciones literarias como alternativa".

En la jornada se dará protagonismo a algunos de los autores cuyas obras no han podido ver la luz en las fechas previstas por la paralización de la actividad económica, y en la que habrá recomendaciones literarias.

Todas las actividades se podrán seguir por el canal Youtube "Libros de Zaragoza" y las redes sociales de la Feria del Libro - Instagram, Twitter y Facebook-, a partir de las 11.00 horas de este jueves.

También colaborarán en el desarrollo de este Día del Libro, además de las organizaciones que integran COPELI, el Teatro de las Esquinas y la compañía Títeres sin Cabeza.

"Sabemos que no soluciona a nadie la pérdida económica que va a ser importante, pero al menos conseguimos que el libro esté presente este día. Serán pequeñas cosas que ayuden a recordar que estamos ahí", dice.

Heredia insiste en que salir a la calle a comprar libros el 23 de abril es "una tradición" en el que los lectores adquieren los libros muchas veces respondiendo "al impulso de lo que ven en ese momento o a lo que les apetece comprar y todo eso no se va a recuperar este año".

A lo largo del año hay muchas ferias que se reparten por diferentes poblaciones y comarcas de la geografía aragonesa, "algunas de ellas importantes", pero en estos momentos "todo está aplazado y en otoño puede darse una concentración de eventos, aunque pide tiempo para "ver que pasa".

"El impacto de esta suspensión para el sector del libro es tremendo", explica a la espera de conseguir movilizar el apoyo por parte de las diferentes administraciones para este sector en el que "si no se recibe, muchos se verán abocados a una situación de cierre".

En este sentido recuerda que cuando se vieron en la tesitura de la suspensión del Día del Libro había muchas cuestiones en las que no había marcha atrás porque "los libros ya estaban en la imprenta, ya que ahora es cuando más novedades se lanzan, incluso más que a final de año".

Sobre la posibilidad de fijar una fecha para la celebración de este Día del Libro, reconoce que han barajado algunas fechas pero "no hay una bola de cristal", porque también son conscientes de que para ubicarlo, dada la situación actual, puede que se les exija "garantizar la seguridad".

No obstante, no manifiesta ninguna renuncia a no hacerlo porque tienen "la voluntad de que tanto las ferias de las distintas localidades como la Feria del Libro -también aplazada- salgan adelante, aunque será complicado, muy complicado porque no habrá días suficientes y algunos eventos se solaparán".

Marina Heredia asegura que entre los libreros y los editores aragoneses, que forman parte de sus respectivas asociaciones, no existen discrepancias y mantienen objetivos comunes.

"Estamos trabajando unidos y los objetivos que tenemos son compartidos. En esta situación vamos de la mano. Somos imprescindibles los unos con los otros y no nos queda otra que trabajar lo más unidos posibles", asegura.

La esperanza que tienen, vuelve a insistir, es que de una u otra forma puedan dar forma a una fiesta del libro, estando en la calle algún momento o encadenando varios sábados porque, reconoce, "lo que todos tenemos ganas es de volver a la normalidad".

 
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