23-04-2020 / 13:12 h EFE

Había una vez unos policías que vestían un uniforme azul y una placa donde se leía "Mossos d'Esquadra" que quisieron celebrar Sant Jordi con todos los niños y se pusieron a pensar cómo podían hacerlo. Tras darle vueltas, dieron con la solución: contarían cuentos bonitos para alegrar a los niños.

Aquellos policías, que durante el año se dedicaban a perseguir a los maleantes y a controlar el tráfico, no estaban seguros de saber hacerlo, pero se armaron de valor y eligieron los dos cuentos que contarían a los niños: el primero sería una historia sobre los angelitos que recogen los dientes que se les caen a los niños, y el segundo sería un relato sobre los niños que están en el hospital.

Cuando llegó el día de Sant Jordi, la primera policía que se atrevió a contar un cuento fue una mujer llamada Lourdes, que trabajaba en la oficina de telegramas e información de la ciudad de Girona.

A las 11 de la mañana, Lourdes apareció bien puntual en el canal de Instagram de aquellos policías, los Mossos d'Esquadra, con aquel cuento que ella misma había escrito: "Els Angelets de les Dents i Malva" (Los angelitos de los dientes y Malva).

Y se puso a contar el cuento. Hablaba con lentitud, abriendo mucho la boca al pronunciar las palabras, poniendo énfasis en los momentos importantes de la historia y pasando las páginas del libro con mucha parsimonia.

Lourdes contó que Malva es una niña pequeña, de 5 años, a la que un día se le cae un diente. Al llegar la noche, Malva, ilusionada, pone el diente debajo de la almohada, esperando que vengan a llevárselo los angelitos de los dientes.

El problema fue que, al llegar los angelitos a casa de Malva, casi tienen un disgusto con el gato que merodeaba por la casa, porque se los quería comer. Al final, lograron dormir al gato lanzándole unos polvos mágicos y pudieron llevarse el diente y dejarle a Malva un precioso regalo.

Cuando Lourdes acabó de contar aquel relato, su imagen se osureció y, cuando al cabo de unos pocos segundos volvió la claridad, ya no era Lourdes quien hablaba sino Judit, una agente de policía de la comisaría de Sant Feliu de Llobregat.

Judit empezó a contar el segundo cuento del día: "No vull ser un heroi" (No quiero ser un héroe), que explicaba la historia de otro niño, Guille.

Guille tiene una enfermedad difícil y tiene que ir a pasar unos días al hospital, algo que le da mucho miedo. Pero no sabe que al llegar a su habitación del hospital encontrará dos cosas que cambiarán su paso por ese centro: un conejo con una capa de superhéroe y un diario.

Guille se pone a leer aquel diario con mucha curiosidad y descubre que perteneció a una niña llamada Abril, que ocupó su habitación antes de que él llegara. Lo que no sabe es qué ha pasado con aquella niña y por qué se dejó aquel diario allí.

Leyendo el diario, Guille descubre que aquel conejo vestido de superhéroe se llama Muakis, que fue un amigo de Abril mientras estuvo en la habitación y que es un tipo muy divertido, así que también se hacen amigos y llegan a un pacto: que siempre que Guille tenga que ir a hacer quimioterapia, Muakis se irá a volar por el universo a descubrir estrellas y pasear por la luna y, al volver, le contará a Guille todas sus aventuras.

Guille va pasando los días en el hospital y los médicos le dicen que se pondrá bien, pero él está triste porque conforme va leyendo el diario de Abril, se va dando cuenta de que ella estaba muy enferma y le da miedo pensar qué habrá sido de ella.

Un día, estando en su habitación, Guille ve entrar a una niña que le pregunta por qué está triste. "Porque creo que una amiga mía no ha conseguido curarse del cáncer", le contesta Guille. La niña le explica que a ella estuvo a punto de pasarle lo mismo, pero que al final los médicos lograron curarla.

Al oír esto, Guille le pregunta a la niña cómo se llama. "Abril", contesta ella. "Cuando me cambiaron de hospital, me dejé aquí mi diario y un conejo que era muy amigo mío. ¿Los has visto por aquí?", añadió Abril.

La agente Judit cerró la última página de aquel cuento y dijo dos cosas. En primer lugar, dijo que aquel era un cuento solidario y que todo el dinero que se recauda con la venta del libro se destina a la investigación del cáncer infantil.

Y en segundo lugar, dijo: "espero que tengáis una feliz Diada de San Jordi".

"I conte contat, conte acabat!" (Y colorín colorado, este cuento se ha acabado).

 
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