26-04-2020 / 14:21 h EFE

Miles de niños catalanes menores de 14 años han podido reencontrarse seis semanas después con el mundo exterior, un paseo que ha sido un alivio para ellos y sus padres, aunque ha estado lleno de dudas, recelos y casuísticas para los progenitores.

Muchos padres han seguido las recomendaciones de las autoridades y han preferido no sacar juguetes que luego tuvieran que desinfectar. En cambio, la mayoría de ellos han ido por libre en los horarios de salida, pese a que la Generalitat había pedido escalonarlos por edades.

Y es que los horarios, cuando hay niños, son volubles, ya se sabe.

La mayoría, eso sí, se ha ceñido a las normas básicas del triple 1: 1 niño por adulto, un máximo de 1 hora y como mucho hasta un 1 kilómetro de distancia.

Otra historia ha sido guardar las distancias entre familias, una misión casi imposible en las estrecheces de muchas calles de las grandes ciudades catalanas.

Los más pequeños han sido los más complicados de manejar y paradójicamente parte del paseo ha tenido que ser en brazos de papá o mamá. "Si no te portas bien, mañana no salimos", se ha oído en las calles de Barcelona.

Marina, una periodista madre soltera de Barcelona, ha podido sacar a Hugo, de solo dos años, por fin a la calle. "Madre mía, iba como loco, "pájaro", "árbol", "niño", lo miraba todo y se emocionaba por todo. Tenía tanta energía acumulada que ha cogido el patinete con unas ganas que se ha pasado el rato en el suelo", ha explicado a Efe sobre su paseo por el céntrico Passeig de Sant Joan de Barcelona.

En la localidad costera de Mataró (Barcelona), Carles, un autónomo de 41 años, ha salido a la calle con su pareja y dos menores de 7 y 8 años. Lo han hecho tan cargados de ganas como de preguntas sin respuesta.

"Pese a las indicaciones, la verdad es que tenemos muchas dudas sobre lo que debemos y no debemos hacer. ¿Hay que quitarles la ropa y ducharlos corriendo? ¿Hay que ir bien protegidos? ¿Hacer algo en concreto antes o después de salir?", ha explicado a Efe.

Dice que han tenido una sensación "extraña" por la cantidad de gente que había en la calle, "por los grupos de niños y adultos que al final ves que se van juntando", "la mayoría sin guantes ni mascarilla".

Como viven a apenas 600 metros del paseo marítimo de Mataró, pensaron en pasear cerca del mar, "porque las aceras son más anchas", pero el consistorio ha limitado el acceso. "El resultado es que hemos tenido que ir por las calles del centro, más estrechas, y ha sido más difícil mantener la distancia de seguridad", ha añadido.

Más espacio para correr tienen Ismael, de 8 años, y Dayana, de 11, que son hermanos y viven en una casa con un gran patio en Sant Llorenç Savall (Barcelona), un pequeño pueblo del Vallès Occidental, junto a su hermano pequeño, sus padres y sus tres mascotas: dos perros american stafford y una cerda llamada Pixie.

Los dos hermanos reconocen que están algo aburridos después de tantos días de confinamiento, pero aún así no tienen ganas de salir a la calle: "Si salgo no va a servir para nada porque solo puedo pasear y lo que yo quiero es hablar y jugar con mis amigos", explica Ismael.

Dayana lo que más echa de menos es el instituto y los compañeros de clase, así que también ha optado por quedarse en casa: "Así podremos acabar antes con este virus", afirma.

Su madre, Nati, explica que están pasando el encierro bastante bien, ya que son familia numerosa y los hermanos juegan entre ellos, dentro de casa y en el jardín, por lo que solo saldrán a la calle cuando ellos lo pidan. "De momento seguiremos como hasta ahora", señala.

La salida de los niños a la calle también ha tenido en algunos casos otros beneficiados más allá de sus propios progenitores: los abuelos.

Pedro y Fuensanta, de L'Ametlla de Mar (Tarragona), ambos jubilados, han podido ver por fin a sus nietos en vivo tras más de 40 días de videollamadas. Eso sí, desde la ventana de su casa, a dos calles de la suya.

En el barrio de Les Corts de Barcelona, un vecino que saca al perro ve con reticencias la medida. "Esto nos va a hacer retroceder", afirma a Efe tras quejarse que en la calle todo "parece un domingo cualquiera".

Por otro lado, también ha habido niños que no han salido por criterio de sus padres, que no han considerado que sea todavía seguro salir a la calle.

Desde su balcón, Laia Luis, una vecina del barrio de Sant Antoni de Barcelona, ha explicado a Efe que no va a sacar a su hijo a la calle por el momento: "Respeto mucho quien lo quiera hacer, pero nosotros no. Se lo hemos explicado al niño y lo ha entendido".

 
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