28-04-2020 / 15:11 h EFE

Quintanilla

Nueva York, 28 abr (EFE)- Hace un mes vivan en Nueva York y cada da era una aventura, ahora estn aisladas en un edificio con vistas al epicentro mundial de la pandemia del COVID-19. Solas, lejos de sus seres queridos y adaptndose a nuevas situaciones laborales, un grupo de vecinas abren a Efe sus vidas y coinciden en que es un momento impactante.

Lilia, rika, Courtney o Jennifer viven en un "co-living" para mujeres profesionales y becarias al oeste de Manhattan, una residencia para unas 370 personas con habitaciones de unos 8 metros cuadrados, espacios comunitarios para hacer vida social y un ctering, pero que en las ltimas semanas ha ido vacindose visiblemente tras la paralizacin de negocios.

"Hay das donde estoy triste y digo: no me puedo creer que estoy viviendo esto en Nueva York. Varios familiares y amigos de Mxico me dicen, 'regrsate ya', pero no tiene sentido irme, porque tambin voy a estar resguardada all y con probable contagio a los dems", explica Lilia, una veinteaera mexicana que trabaja "en diplomacia" y describe el "shock" de la pandemia.

"Estoy viviendo algo que jams en la vida voy a volver a vivir, y eso espero. A ninguno de nosotros nos gusta y hay que aprender de ello, pero es impresionante ver el barco hospital que lleg, todos los militares a las 7 de la noche saliendo, es algo que emocionalmente te impacta y se queda. Creo que es algo que toda mi vida voy a recordar", agrega.

rika, una compatriota mexicana que, como ella, se dedica a la diplomacia y no ha salido desde el 13 de marzo, reconoce que tras adaptarse a su vida en EE.UU. esta ha sido una "experiencia nueva" difcil de llevar: "A pesar de que mi pas natal, Mxico, est tan cerca, hay una distancia enorme. No puedes salir a la esquina, y menos a tu casa".

"No somos de este pas, pero si estamos aqu por trabajo hay que adaptarnos, hacer caso a las instrucciones, y no me ha costado trabajo en ese sentido. He podido hacer actividad con las chicas, ejercicio, tenemos un horario de series, las cosas personales o de trabajo en la habitacin, los libros?", relata la joven, que tambin agradece las redes sociales.

"Esto para m es una experiencia que va a trascender en lo laboral, lo econmico, la manera de pensar, lo personal. En general, en el mundo, cunto nos va a cambiar la vida", abunda esta vecina, que espera que la crisis "impacte de la mejor manera" en la sociedad.

DIFICULTAD LABORAL Y SOCIAL

Courtney es una estadounidense que no ha tenido tanta suerte en cuestin laboral: antes del coronavirus era administrativa en una empresa de eventos y, al ser una de las ltimas contrataciones, prescindieron de ella. "Se han cancelado las fiestas, as que no hay trabajo para m. Los primeros despedidos son gente como yo", dice con sorna.

Mientras busca otro trabajo, avanza con sus estudios de terapista de masajes -segn observa, es ms fcil concentrarse sin el ruido incesante de los clxones de coches- y sale de vez en cuando a por un caf o a dar una vuelta manteniendo las distancias, pero dice no llevar mal la situacin.

"Soy afortunada porque tengo un lugar donde vivir a pesar de estar desempleada, el nico problema puede ser que me aburro. Cada diez aos ms o menos nos ocurre algo. Yo he vivido el 11 de septiembre, la crisis financiera y ahora una pandemia. No quiero saber qu pasar cuando llegue a los 40 aos", comenta esta treintaera, medio en broma y medio en serio.

Con ella est viendo la televisin Jill, una becaria de Naciones Unidas que lleg a la Gran Manzana el mes pasado desde Los ngeles y apenas tuvo tiempo de conocer gente antes del parn de actividad, pero que agradece la "tranquilidad" de estar en una residencia.

"Es raro, es como si estuviramos en una pequea burbuja. La sensacin es distpica, esto no parece Nueva York", agrega la joven, que se mantiene en contacto a diario con su familia en la India.

LOS APLAUSOS DE LAS 7

A las 7 de la tarde se escuchan aplausos fuera: es la hora del homenaje al personal sanitario que est luchando en la crisis y el momento en el que algunas vecinas de la residencia aprovechan para tomar el aire en la azotea y disfrutar las vistas.

All est Lauren -prefiere no dar su nombre real-, una mujer estadounidense con el pelo largo y cano que suele hacer ejercicio corriendo entre las mesas y maceteros, como otros vecinos en las azoteas de alrededor, antes que bajar a la calle. "Soy entrenadora de natacin pero ya no hay piscinas abiertas, as que estoy sin trabajo", comenta.

Mara, una espaola veinteaera que trabaja en una empresa de diseo, dice que las "sirenas de ambulancias, la polica y soldados por la calle" que se escuchan y ven estos das pueden dar "un poco de agobio pero es lo que hay, debemos ser realistas", y se considera afortunada por tener una terraza cuando en la gran urbe hay muchas familias "encerradas".

"Emocionalmente lo llevo muy bien, esta experiencia me est sirviendo para darme cuenta de ciertas cosas, plantearme la vida, si esto es lo que quiero hacer, pensar en m, no correr tanto. Son momentos para nosotros mismos. Tengo mucha suerte de estar donde estoy", agrega.

NUEVA YORK DESIERTA

El comedor del edificio, que antes era el lugar por excelencia para socializar, tiene las mesas separadas y esparadrapos en el suelo que marcan distancias de 6 pies (2 metros), adems de gel desinfectante en las mesas. De fondo se escucha al gobernador Andrew Cuomo haciendo el recuento de fallecidos por COVID-19, y solo hay una persona almorzando.

Jennifer, una seleccionadora de recursos humanos de mediana edad estadounidense, dice que conoce a varias personas que se han contagiado de COVID-19 y uno de ellos, con problemas de salud, falleci en una residencia de cuidados tras dar positivo, pero relativiza la situacin y asegura que se trataba de un caso grave.

Califica de "devastadora" la imagen de la ciudad con las tiendas cerradas, y lo que ms le "rompe el corazn de todo el asunto" es el empleo perdido por los jvenes, por lo que arremete contra la gestin poltica de la pandemia: "Me parece extremo que hayan impedido a la gente joven trabajar y deberan haber empezado protegiendo a los vulnerables".

Por su parte, Ana, una veinteaera que estos das teletrabaja en la ONU, intenta "pensar en ello lo menos posible", seguir "todos los procedimientos" y mantenerse muy en contacto con su familia y amigos -celebr su cumpleaos por videollamada recientemente-: "Intento no mirar mucho las noticias, prefiero ser ingenua a tener problemas de salud mental".

No obstante, el aislamiento voluntario no le impide notar el gran cambio de esta ciudad a la que antes quera viajar todo el mundo y que hoy sobrevuelan ms gaviotas que aviones: "Est desierto. Se ve a alguien paseando el perro o yendo al supermercado, todos con mascarilla y guantes. Es apocalptico".

 
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