20-05-2020 / 20:40 h EFE

Argentina está enfrascada en una peliaguda negociación para reestructurar bonos por 66.239 millones de dólares en manos de inversores privados, pero éstos no son los únicos ni los mayores acreedores del país suramericano y ese volumen de títulos ni siquiera llega a un cuarto de la deuda total de la segunda economía suramericana.

¿Cuánto y a quiénes les debe Argentina?

De acuerdo con datos oficiales, la deuda pública del país ascendía en abril pasado a 323.192,6 millones de dólares, cerca de un 89,5 % del PIB.

El mayor acreedor es el propio Estado argentino ya que un 40 % de la deuda es con agencias del sector público, un endeudamiento más sencillo de refinanciar.

Le siguen, con el 37,3 %, miles de inversores particulares e institucionales de Argentina y del exterior.

El endeudamiento con organismos multilaterales y el de tipo bilateral, con diversos países, representa un 22,7 % del total, pero aquí sí hay un actor que destaca sobre el resto: el FMI, el acreedor externo al que más le debe Argentina, 43.604 millones de dólares en abril.

Un 78 % de la deuda pública está nominada en moneda extranjera, principalmente en dólares, lo cual representa un constante desafío para un país sin acceso a los mercados internacionales.

LA DEUDA EN EL CRACK DE 2001

La radiografía de la deuda pública argentina ha cambiado desde el "default" de 2001, cuando Argentina suspendió pagos en medio de una de las peores crisis políticas, económicas y sociales de su historia.

En ese momento, su deuda pública ascendía a 144.279 millones de dólares, el 53,8 % del PIB, bastante menos del volumen y el peso que tiene ahora, aunque el porcentaje de la deuda en moneda extranjera era más elevado entonces, del 97 %.

El mapa de los acreedores también era diferente: cerca de un 22,5 % de la deuda era con organismos internacionales (con el FMI era entonces de unos 14.000 millones), mientras que casi un 70 % estaba en manos de acreedores privados, un peso muy superior al que tienen actualmente.

LA DEUDA HACE DIEZ AÑOS

Argentina reestructuró su deuda con los acreedores privados en 2005, cuando logró una adhesión a su oferta de canje del 76,15 %, un nivel que elevó hasta el 92,4 % cuando en 2010 reabrió la oferta y entraron más acreedores.

Tras ese proceso, la configuración de la deuda pública argentina volvió a cambiar.

Para finales de 2010, el endeudamiento del país ascendía a 164.433 millones -la mitad que el volumen actual-, bajando la relación de la deuda sobre el PIB al 45,8 %, un ratio bastante inferior al de ahora.

También redujo el porcentaje de la deuda en moneda extranjera a un 59 % del total.

Y el peso de los acreedores privados también pasó a ser menor, del 38,5 % -un porcentaje muy similar al actual-, mientras que la deuda con organismos internacionales representaba un 11 % y el endeudamiento con agencias del sector público nacional era del 47 %.

PERFIL DE LOS ACREEDORES PRIVADOS

Otra diferencia con la situación actual es que hace quince años, los acreedores privados constituían un grupo variopinto, desde bancos, fondos de inversión y hasta miles de bonistas individuales -sólo en Italia había unos 450.000 jubilados con títulos argentinos-, y muy disgregado geográficamente ya que el 38,4 % de la deuda a reestructurar estaba en Argentina, el 15,6 % en Italia, el 10,3 % en Suiza y el 9,1 % en Estados Unidos, con porcentajes menores en Alemania, Japón y otros países.

Eso supuso un esfuerzo del entonces Gobierno de Néstor Kirchner (2003-2007) -con el actual presidente, Alberto Fernández, entonces al frente de la Jefatura de Gabinete- para establecer contactos y negociar con grupos de muy diversos intereses.

Pero, a la vez, debido a la falta de coordinación entre los acreedores, al gran porcentaje de inversores individuales más dispuestos a aceptar un canje ante la falta de poder de negociación y de recursos para litigar y al hecho de que una parte considerable de la deuda se encontraba en las carteras de administradoras de fondos de pensiones de Argentina manejadas por bancos con diálogo directo con el Gobierno, el resultado fue una alta adhesión a la propuesta de reestructuración.

Ahora el panorama es bastante diferente: los acreedores con los que Argentina negocia son mayoritariamente fondos de inversión, algunos muy poderosos, concentrados en Estados Unidos, coordinados entre sí y con experimentada asesoría legal.

Los actuales acreedores han conformado tres grandes grupos para hacer valer sus intereses en la negociación.

Por un lado, está el denominado Grupo de Titulares de Bonos de Canje, con casi una veintena de fondos que asegura tener el 15 % de los bonos a reestructurar emitidos en los canjes de 2005 y 2010.

El comité directivo de este grupo está compuesto por las firmas HBK, Monarch, Oaktree, Pharo, Redwood y VR Capital Group.

Otro bloque es el del Comité de Acreedores de Argentina, que en la negociación se ha aliado con los fondos Gramercy y Fintech Advisory, todos tenedores de bonos argentinos emitidos después de 2016.

El tercer gran núcleo lo constituye el denominado Grupo Ad Hoc de Tenedores de Bonos, integrado por una decena de fondos, entre ellos, Blackrock, Fideliity y Ashmore.

Este grupo dice poseer conjuntamente un 16 % de los títulos emitidos en los canjes de 2005 y 2010 y un 32 % de los bonos emitidos luego de 2016.

Una vez que reestructure la deuda extranjera en manos de privados, Argentina pretende abrir negociaciones formales con el FMI con el objetivo de aplazar tres años los vencimientos.

 
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