13-06-2020 / 11:20 h EFE

El término "raza", inscrito en la Constitución alemana de 1949 como antídoto contra el ideario racista nazi, divide a la Alemania de hoy entre quienes defienden el sentido del articulado y quienes alertan de que es obsoleto y contraproducente.

"Nadie debe verse perjudicado o favorecido por su sexo, su origen, su raza, su idioma, su patria, creencia, ideología religiosa o política", establece el artículo 3 de la Carta Magna. Así quedó redactado, cuatro años después de la derrota del Tercer Reich, para preservar a las generaciones presentes y futuras del fanatismo nazi por la raza aria.

"Entre los seres humanos no hay, según la ciencia, más que una raza. No es acorde con los tiempos y debe ser modificado", advertía recientemente el diputado Karamba Diaby, en declaraciones a la radio pública regional de Berlín y Brandeburgo, Rbb.

Diaby, del co-gubernamental Partido Socialdemócrata (SPD), nació en Senegal y se convirtió en 2013 en el primer diputado negro del Bundestag (Parlamento federal). Ha sufrido varios ataques racistas, el último de ellos en forma de disparos contra su oficina de Halle, en el este del país, donde la ultraderecha es la segunda fuerza.

La suya no es una opinión aislada. En medio de las movilizaciones contra el racismo derivadas de la muerte de George Floyd en Estados Unidos, han surgido iniciativas a favor de una enmienda constitucional tanto del SPD, como de los opositores Verdes, La Izquierda y Partido Liberal (FDP), además de la comunidad judía.

Desde el ministerio de Justicia, cuya titular es la socialdemócrata Christine Lambrecht, se recordaba esta semana que ese artículo constitucional se escribió "sobre el trasfondo de la persecución sufrida por las minorías bajo el nacionalsocialismo, especialmente los judíos".

"Los padres y madres de la patria quisieron entonces dar una señal clara contra la locura racista del nazismo", explicaron fuentes de ese Ministerio. El término raza es tal vez obsoleto, desde el punto de vista científico, pero se usa en el mismo sentido en resoluciones europeas, según ese departamento.

BAJO LA SACUDIDA DE FLOYD

La lucha contra el racismo es objetivo prioritario del Gobierno federal, apuntó al respecto por su parte la viceportavoz del Ejecutivo, Ulrike Demmer. Impulsar una reforma para erradicar ese término es tarea de largo recorrido, mientras que erradicar el racismo en todas sus formas es parte de la agenda diaria, añadió.

La propia Merkel expresó ya, en una reciente entrevista con la televisión pública alemana, su horror ante la muerte de Floyd, víctima de la violencia policial y el racismo. Pero advirtió también de que el racismo "existió y sigue existiendo" en Alemania.

En sentido parecido se pronunció su ministro de Exteriores, el socialdemócrata Heiko Maas, al recordar que en Alemania "hay ataques racistas, los negros sufren discriminación y se arranca la kipá de la cabeza a los judíos".

DE LA CARTA MAGNA A LA CALLE

La vida pública alemana es espejo de esta realidad. Por un lado, las manifestaciones masivas de decenas de miles de personas, en todo el país, exigiendo justicia para Floyd y denunciando el racismo en el propio país. Por el otro, las estadísticas tanto sobre la violencia racista como del llamado "micro-racismo" social.

Alemania tiene un problema persistente de discriminación racista y no apoya a los afectados de manera consecuente a la hora de hacer valer sus derechos, constataba esta semana la Oficina Federal contra Discriminación, al presentar su informe anual.

No se trata solo de agresiones físicas o verbales, sino de comportamientos reveladores del racismo latente o el micro-racismo.

La mayoría de los casos reportados en ese informe -un 36 %- ocurren en el ámbito laboral, ya sea en el puesto de trabajo o al buscar empleo. Le sigue, con un 26 %, los sufridos en quehaceres cotidianos, sea la búsqueda de vivienda, al ir a la compra, en un restaurante, el banco o cualquier otra gestión.

NADIE SE CIERRA, PERO FALTA UN IMPULSO

La oposición -con excepción de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), tercera fuerza a escala nacional- parece determinada a reemplazar el término "raza" por el de "origen étnico". Desde el co-gubernamental SPD se respalda la idea y el bloque conservador de Merkel tampoco apunta a un bloqueo.

"Estoy dispuesto a abordar esas propuestas. No me cierro a ello", aseguró el ministro del Interior, Horst Seehofer, de la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU), partido hermanado con la Unión Cristianodemócrata (CDU) de la canciller.

Pero más importante que una reforma constitucional -para la que se precisan el apoyo de dos tercios del Bundestag más la ratificación de la cámara alta (Bunderat)- es, según Seehofer, "combatir el racismo a la práctica".

 
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