02-07-2020 / 22:40 h EFE

El 12 de noviembre de 2017 Carles Puigdemont ganó un pulso al PDeCAT al conseguir que le cedieran los derechos electorales para articular una "lista de país" con el nombre de Junts per Catalunya. 963 días después, el expresident desafía de nuevo a su partido anunciando una nueva formación.

En sus primeros pasos Puigdemont intentó que JxCat fuera una lista unitaria que aglutinara a todo el independentismo y que sirviera para "plantar cara" al Estado tras la aplicación del artículo 155 de la Constitución, en virtud del cual se cesó a todo su Govern, que había promovido el referéndum del 1-O y la declaración unilateral -no consumada- de independencia.

Tras la negativa de ERC y la CUP, el expresident, que ya había huído de la Justicia española a Bruselas, redefinió JxCat como una candidatura transversal, en la que los miembros del PDeCAT -entonces presidido por Artur Mas, que bendijo toda la operación- perdían protagonismo en favor de independientes.

Entre estos independientes, algunos con más tradición activista que política, figuraban el expresidente de la Assemblea Nacional Catalana, Jordi Sànchez; la actual diputada Laura Borràs y el que después sería presidente de la Generalitat, Quim Torra.

En las elecciones del 21 de diciembre de 2017 la lista que capitaneaba Puigdemont superó las expectativas iniciales, adelantó contra pronóstico a ERC y se situó como primera fuerza dentro del independentismo. El experimento había sido un éxito.

En los meses sucesivos y ante la imposibilidad de investir a Puigdemont por cauces legales, el independentismo empezó a dividirse entre partidarios de un pragmatismo lejos de la unilateralidad y quienes persistían en la voluntad de choque con el Estado.

Esa división también caló dentro del espacio de JxCat y del propio PDeCAT, entonces liderado por Marta Pascal, y Puigdemont, partidario de la confrontación con el Estado, se fue alejando poco a poco de la dirección de su partido desde su residencia en Waterloo.

En julio de 2018, el PDeCat registró Junts per Catalunya como partido después decidir que concurrirían a las elecciones municipales de mayo de 2019 con esta marca, con el objetivo de repetir los buenos resultados de las autonómicas del año anterior.

Ese mismo mes, Carles Puigdemont, Jordi Sànchez y Quim Torra, que ya era president, impulsaron La Crida Nacional per la República, una plataforma que pretendía aglutinar a diferentes sectores del independentismo para "hacer efectivo el mandato del 1-O".

Pocos días después de la presentación de La Crida, Pascal cedió a la presión de Puigdemont y renunció al liderazgo del PDeCAT, que acordó empezar a preparar su integración en la Crida Nacional.

En enero de 2019, La Crida se registró como partido político y eso aumentó la tensión con el PDeCAT, que se negaba a disolverse dentro de la nueva organización.

Con el debate vivo, las elecciones municipales, generales y europeas de 2019 sirvieron para afianzar la marca JxCat y el liderazgo de Puigdemont, que ganó holgadamente cuando se presentó a eurodiputado y consiguió situar a sus afines en las listas al Congreso de los Diputados.

En diciembre de ese año, la dirección del PDeCAT acordó "transitar" hacia un espacio más amplio bajo la marca de JxCat pero con una "única estructura" de partido y reconociendo el liderazgo del expresidente catalán Carles Puigdemont.

Pero la gran pregunta pendiente de responder era si el PDeCAT podía preservar su estructura e identidad dentro de este nuevo espacio o si se tenía que disolver para dar paso a un nuevo partido.

Ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo y tras una semana de discrepancias públicas, Puigdemont y sus afines de JxCat -algunos militantes a su vez del PDeCAT- han dado un paso adelante y han anunciado que el próximo 25 de julio crearán un nuevo partido.

Entre los firmantes, además de Puigdemont, están los exconsellers presos Jordi Turull, Josep Rull y Joaquim Forn; los consellers Meritxell Budó y Damià Calvet, y los diputados Miriam Nogueras y Marta Madrenas.

Un nuevo partido que, salvo un acuerdo de última hora con el PDeCAT, no se podrá llamar JxCat, ya que esta marca es propiedad del partido que preside David Bonvehí, que aún no ha decidido cuál será su papel dentro del espacio heredero de Convergència, pero que recuerda que no permite la "doble militancia" y que quienes den el salto tendrán que romper el carné.

 
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