23-08-2020 / 10:59 h EFE

"Black Beach", segundo largometraje del cineasta Esteban Crespo, es una denuncia de todo lo que sostiene la corrupción en el mundo, un ejercicio de sinceridad ante las mentiras que crecen porque nadie las desenmascara y la prueba de que sólo cuando existe una implicación emocional es posible cambiar el mundo.

Las definiciones parten del propio director, que junto a Raúl Arévalo, el actor principal de la película, habla con Efe de "Black Beach", que hoy se presenta a competición en la 23 edición del Festival de cine de Málaga.

Crespo, nacido en Móstoles, trabajó y vivió en África en "una vida anterior", en la que era arquitecto; allí ya hizo un par de cortos y documentales que debían haber sido la antesala de esta "Black Beach", pero se cruzó la apasionada historia de "Amar" (2017).

Para el director, los documentales tienen algo de mentira, "de manipular la realidad", dice, mientras con la ficción "siempre cuentas la verdad". Mete baza Arévalo para abundar que "el documental siempre es tramposo", por el punto de vista del que cuenta algo que, supuestamente, es la realidad.

"Por muy objetivos que queramos ser, aún con un posicionamiento ético, sin malicia, quieras o no -advierte Crespo-, la historia tiene una línea".

Y estas reflexiones son importantes porque en esta película, aunque parezca lo contrario, "no hay ni malos ni buenos, sino que todo el mundo tiene su punto de vista".

"Black Beach", que no por casualidad es también el nombre de una cárcel cruelmente mítica del África Ecuatorial -también protagonista en la cinta-, muestra un mundo gobernado por una elite de empresarios sin escrúpulos, capaz de manipular la política internacional llegando incluso hasta las Naciones Unidas.

Arévalo es Carlos, un alto ejecutivo a punto de convertirse en socio de una gran empresa, que recibe el encargo de mediar en el secuestro en África del ingeniero de una petrolera americana, un incidente que está poniendo en peligro la firma de un contrato millonario.

Le envían a él porque su madre es Alta Comisionada de la ONU (Paulina García), porque hace años fue cooperante en ese mismo país -allí sigue viviendo su compañera (Candela Peña)- y porque conoce al secuestrador, un amigo (Jimmy Castro) que se casó con la novia que él dejó cuando abandonó África (Aída Wellgaye).

"África se cuenta desde el punto de vista de un primermundista europeo, no se está contando la vida cotidiana de cómo lo pasa allí la gente", explica Arévalo, que precisa que hay un giro emocional que "le remueve y le hace implicarse en esa África".

El personaje de Carlos es uno al comienzo de la película y otro muy diferente al final -revolcón familiar, profesional, personal y de crecimiento interior mediante- sin que nada chirríe, a pesar de unos giros que a Arévalo, ganador de tres Goyas, "como actor", le daban "vértigo" por el riesgo de que quedasen "muy forzados".

No es el caso y el éxito, considera, es por "la genialidad del guion" firmado a medias entre Castro y Mario Fernández Alonso, los mismos responsables de "Amar".

"Este personaje, al que no critico, no es que no sea sensible, pero alguien que se dedica a la compra y venta de empresas en las City pues ...es que lo ves con una distancia diferente a los cooperantes o la gente que está trabajando allí", resume.

Desvela, como pista para el espectador, que "todas las mentiras que hay a su alrededor él las sabe desde el principio aunque siempre las ha visto como parte de un sistema corrupto. Pero cuando se ve involucrado, las sufre. Ahí están las razones".

El actor, que también es protagonista de "Los europeos", la penúltima cinta a competición el viernes, irá y vendrá de Madrid a Málaga para poder apoyar aquí al festival de cine y seguir con los ensayos de "Traición", la obra de teatro con la que vuelve al escenario del Teatro Pavón tras el parón obligado por la pandemia.

En cuatro años, desde que estrenara su ópera prima como director "Tarde para la ira", el de Móstoles ha hecho doce películas y participado en tres series de televisión, la última, "Antidisturbios", se presentará en el próximo festival de San Sebastián.

"Queríamos hacer un thriller de acción entretenido, que atrape y emocione, que llegues al final y no quieras soltar la peli, pero contando con el público", se sincera Crespo, quien necesita motivar al público para que vaya a las salas, el único modo, dice, de que pueda hacer su tercer largo, ya escrito: "Pentimento", otro thriller dramático, esta vez centrado en el mundo del arte.

La cinta llegará a las salas el 25 de septiembre.

 
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