23-08-2020 / 20:30 h EFE

El obispo nicaragüense Silvio Báez tildó este domingo al Gobierno que preside el sandinista Daniel Ortega, de "dictadura", y de estar detrás de los últimos ataques contra la Iglesia Católica y afirmó que los mismos forman parte de una "estrategia represiva".

"Los ataques a la Iglesia Católica son parte de la estrategia represiva de la dictadura en Nicaragua desatada contra toda la población", dijo Báez, obispo auxiliar de Managua, en declaraciones a la emisora Radio Darío.

Las relaciones entre la Iglesia Católica y los gobernantes sandinistas, que han estado marcadas por roces y desconfianzas en los últimos 41 años, se han tensado a raíz de la reciente quema de la venerada imagen de Sangre de Cristo en una capilla de la Catedral de Managua, la cual estuvo precedida de una ola de profanaciones contra templos en toda Nicaragua.

A juicio del religioso, quien se encuentra fuera de Nicaragua desde hace más de un año por decisión del papá Francisco por motivos de seguridad, el trasfondo de los ataques al Episcopado, que él se lo achaca a los sandinistas, es porque la Iglesia ha estado al lado del pueblo en el marco de la crisis sociopolítica que vive el país desde abril de 2018.

"Como decía monseñor San Óscar Arnulfo Romero: el problema no es entre el Gobierno y la Iglesia, el problema es entre el Gobierno y el pueblo, y como la Iglesia está del lado del pueblo, por eso es atacada. Y eso es válido para Nicaragua hoy en día", sostuvo Báez, uno de los más fuertes críticos del presidente Ortega.

"La Iglesia es parte del pueblo de Nicaragua, que en este momento sufre de amenazas, humillaciones, persecuciones, calumnias", anotó.

Denunció que los nicaragüenses que se oponen o son críticos del Gobierno sandinista son "víctimas de toda una política represiva de una dictadura que con las fuerzas de las armas pretende continuar en el poder", en un país que, según dijo, "está secuestrado".

Báez explicó que se encuentra fuera de Nicaragua desde el 23 de abril de 2019, un año después de que estallaran las manifestaciones antigubernamentales, pero no como exiliado, sino a petición del papá Francisco que le sugirió dejar el país "por un tiempo, por mi seguridad personal".

Las relaciones entre la Iglesia y el Gobierno, que fueron tensas durante el primer régimen sandinista (1979-1990), se volvieron a enfriar tras el estallido social de abril de 2018 que fue silenciado a la fuerza por las autoridades.

El presidente Ortega calificó de "golpistas" a los obispos y los acusó de ser cómplices de fuerzas internas y de grupos internacionales que, a su juicio, actúan en Nicaragua para derrocarlo, a raíz de ese estallido social.

Desde entonces, la ONG Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh) asegura que la Iglesia católica ha sufrido 24 ataques y ha responsabilizado al Gobierno, que ha guardado distancia de esos señalamientos.

 
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