27-08-2020 / 19:59 h EFE

Con tres meses de retraso y una edición adaptada pero muy ambiciosa, la Feria del Libro volvió hoy, jueves, a Lisboa entre mascarillas y distancia social para garantizar la seguridad en el primer gran evento que se celebra en Portugal con público desde que estalló la pandemia.

A finales de agosto en vez de mayo, como era habitual, el Parque Eduardo VII ha vuelto a llenarse de libros, con una 90ª edición que busca dar oxígeno a un sector muy mermado por la pandemia y que, pese a las restricciones, no tiene nada que envidiar a las anteriores.

En el parque estarán instalados hasta el 13 de septiembre un total de 310 pabellones, con 638 marcas editoriales y 117 escritores participantes, lo que la convierte en la segunda mayor edición de toda su historia.

"Es una victoria del libro, un gesto de coraje cívico y una afirmación de cultura", aseguró hoy a periodistas el presidente de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa, visitante habitual de la feria y que estuvo presente en la inauguración.

El evento regresa a una capital que se encuentra todavía en "estado de contingencia" por el coronavirus, lo que, entre otras restricciones, limita las concentraciones a un máximo de 10 personas.

La organización se ha adaptado a la pandemia: en todo el recinto solo podrá haber en simultáneo 3.300 personas, por lo que se controlarán las entradas y salidas, que deberán realizarse por los puntos indicados.

Se han ampliado los espacios de circulación por el recinto para permitir el distanciamiento social, así como los dedicados a los expositores, que apuestan por más actividades al aire libre.

Además, el uso de mascarilla es obligatorio en todo momento, incluso en los espacios al aire libre, a pesar de que en Lisboa se permite andar por la calle sin ella.

La presencia de escritores será en su gran mayoría portuguesa y las sesiones de autógrafos también sufrirán restricciones: serán menos numerosas y algunas editoriales han optado por permitir que solo se firmen libros adquiridos ese mismo día en la feria.

Todo para ayudar a resucitar un sector especialmente castigado por la pandemia y cuyas ventas llegaron a registrar un desplome del 80 % durante el momento de mayores medidas de contención.

"Va a ser necesario pensar en serio cómo hacer que las editoriales no mueran", dijo Rebelo de Sousa durante su visita a la feria, en la que se le vio comprar libros y anotar otros títulos en una hoja para futuras compras.

El presidente, que calificó el evento como un "ejemplo de resistencia y de quien quiere que la cultura no muera", confió en poder volver el día 12 para decir "que no solo valió la pena sino que fue un éxito".

El "respiro" para los libreros llegará por partida doble, ya que este mismo viernes se inaugura también la segunda mayor feria del libro del país, la de Oporto, con restricciones similares a las de la capital, aunque la mascarilla únicamente será obligatoria en los espacios interiores.

Serán los primeros eventos masivos con público que se celebran desde que estalló la pandemia en Portugal, que este mes ya acogió la fase final de la Liga de Campeones, pero todos los partidos fueron a puerta cerrada.

La expansión del virus en el país ha aumentado en los últimos días -399 nuevos casos hoy, por encima de los datos de las últimas semanas-, con especial incidencia en la región de Lisboa y Valle del Tajo, con casi la mitad de los contagios.

 
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