03-09-2020 / 18:20 h EFE

Esta semana, el alto representante de Política Exterior y Seguridad de la Unión Europea, Josep Borrell, introdujo en su visita a Libia una novedad que algunos analistas locales y extranjeros aplaudieron pero que otros muchos consideran "ineficaz por tardía".

El político español no solo se reunió en la capital con el máximos representante del Gobierno de Acuerdo Nacional sostenido por la ONU en Trípoli (GNA), Fayez al Serraj; también lo hizo con el jefe del Ejecutivo no reconocido en el este del país, Aquilah Saleh.

Ambos políticos se comprometieron días atrás a imponer un alto el fuego, el tercero en cinco meses, y a recuperar el diálogo en la senda de la Conferencia de Berlín, celebrada en enero.

Al margen de su visita quedó el controvertido mariscal Jalifa Hafter, tutor del Parlamento electo pero no reconocido en la ciudad oriental de Tobrouk, y verdadero hombre fuerte del país, que se opone a la tregua.

"La decisión de no reunirse con Hafter es una buena noticia", explica a Efe el periodista local Essam Samir, pero "no sé si será muy efectivo. Aunque muchos expertos políticos opinen que la influencia de Hafter ha descendido, lo cierto es que es quien maneja las tropas", alerta.

"Además de su ascendencia sobre las tribus y señores de la guerra que le apoyan, aún maneja los canales abiertos con Rusia y Emiratos Árabes Unidos, que le provén de armas, y retiene el que e proporcionó Francia", agrega.

VARIANTE RUSA

Hijos del militar y oficiales afines mantienen aún estrechas relaciones tanto con el Kremlin como con Yevgueni Prighozin, el oligarca amigo del presidente Vladimir Putin al que se atribuye la propiedad de la empresa de mercenarios "Wagner Group", integrada en las fuerzas de Hafter.

"No contar con Hafter es una apuesta muy arriesgada. Ya se intentó en 2015 y entonces no solo sobrevivió, sino que se fortaleció conquistando Benghasi y expulsando a los yihadistas de Derna con la ayuda de EAU y Egipto", explica un funcionario europeo que observa el conflicto desde Túnez.

Una vez asentado su poder en el este, que completó en 2018 con el control del golfo de Sirte, corazón de la industria petrolera libia, el mariscal se lanzó a la conquista del sur que ahora domina gracias a una astuta combinación de poderío militar y acuerdos puntuales con milicias locales.

En abril de 2019, ya con los efectivos del "Wagner Group" en sus unidades de vanguardia, levantó un sitio a la capital, de cuyos alrededores se hubo de retirar en mayo de este año debido a la decidida intervención militar de Turquía, principal socio del GNA.

La línea del frente ha quedado ahora establecida en el golfo de Sirte, donde ambos contendientes prosiguen con sus preparativos para la batalla definitiva pese a los esfuerzos internacionales para poner fin a casi una década de violencia y guerra civil.

FRAGILIDAD DEL GNA Y AMBICIÓN TURCA

Quienes critican la nueva estrategia, apuntan a que llega tarde debido a la supuesta fragilidad del GNA, sacudido por el pulso entre el propio Al Serraj, al que la población responsabiliza de las pésimas condiciones de vida en las zonas bajo su dominio.

El ministro de Interior, Fathi Bashaga, el hombre que junto a la Fuerza de Disuasión (RADA), una de las milicias más poderosas de la capital, lideró la defensa de Trípoli frente al mariscal.

Bashaga, originario de la poderosa ciudad-estado de Misrata -aliada del GNA- fue destituido la semana pasada por el propio Al Serraj después de que una de las milicias de la capital dispersara a tiros una manifestación popular en protesta por la precariedad.

"El problema que se plantea es que el GNA no tiene el poder suficiente como para erigirse en un alternativa de poder en Libia. Ni para liderar un proyecto que permita aunar a las partes más moderadas en el oeste y el este del país", advierte el periodista libio.

"La palabra que más se repite es división, y episodios como el de Bashaga alimentan esta teoría", insiste Samir, para quien la clave está en la ambición de Ankara, que no parece dispuesto a dejar caer al GNA tras prestarle una ayuda económica y militar esencial en la lucha con el este.

Turquía, que pretende hacerse con el control de las reservas petroleras marítimas y las rutas de la migración ilegal a Europa, ha enviado asesores políticos a Trípoli y a militares a Misrata, además de haber comenzado a levantar bases en las zonas arrebatadas a Hafter.

El presidente turco, Recep Tayeb "Erdogan va a hacer todo lo posible para que el GNA se mantenga y mande en el futuro. Habrá que ver hasta donde está dispuesta a llegar la comunidad internacional en su relación con Turquía", advierte el diplomático europeo.

 
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