14-09-2020 / 15:40 h EFE

El libro de la francesa Vanessa Springora, "El Consentimiento", iba a ser un relato intimista sobre el abuso que sufri siendo menor por parte de un conocido escritor, pero su testimonio se convirti en un xito de ventas y un dedo acusador contra quienes hicieron pasar al pederasta por artista.

En poco ms de nueve meses, la historia de los dos protagonistas ha cambiado por completo. l, Gabriel Matzneff (1936), ha dejado de ser un escritor premiado y subvencionado por el Estado para convertirse en un paria apoyado por crculos marginales; ella (1972) ya no es una editora desconocida, sino el rostro de una incmoda constatacin: todos lo saban y nadie hizo nada.

"Es imposible separar la obra del hombre porque l siempre ha reivindicado sus libros como autobiogrficos. El artista est por encima de la ley? Si lo mismo hubiera pasado con un profesor de gimnasia nadie lo habra tolerado, pero con l s porque haba una visin francesa muy elitista de la literatura, que ponan por encima de la moral y la ley", critica Springora en una entrevista a EFE.

Ella tena trece aos, l 51. Se conocieron en una de las cenas literarias a las que asista la madre de Springora, responsable de prensa de una editorial, que haban permitido a una joven soadora crecer entre libros y figuras como Gabriel Garca Mrquez o Umberto Eco.

En uno de esos encuentros coincidi con Matzneff o, como ella lo nombra en el libro, "G.", y tras una veintena de cartas en las que le juraba desearla y necesitarla, Springora cay bajo su embrujo.

Autor de ensayos como "Les Moins de seize ans" ("Los menores de 16 aos"), publicado en 1974, y de una serie de diarios donde narraba sus relaciones con nios de entre 9 y 15 aos, Matzneff se haba hecho un hueco en el mundo de las letras de los aos 80, sobre todo tras publicar una carta abierta en la que defenda a varios encarcelados por haber tenido relaciones con menores.

Difundida en "Le Monde", la tribuna recibi el respaldo de intelectuales como Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Roland Barthes o Jack Lang.

"Publicar el libro ha sido mi forma de pedir una reflexin, una autocrtica a las instituciones que han fallado en este caso. Empezando por sus editores y la prensa, que lo publicaron y publicitaron sin interrogarse, pero tambin a mis padres, que no supieron protegerme", dice Springora.

"NO ES POSIBLE SEPARAR AL HOMBRE DE LA OBRA"

Aquel escritor con aires de dandi iba a buscarla al colegio y paseaba con ella por Pars, antes de pasar las tardes juntos en su casa.

"A los catorce aos, se supone que un hombre de cincuenta no te espera a la salida del instituto, se supone que no vives con l en un hotel ni te encuentras en su cama, con su pene en la boca, a la hora de la merienda", escribe en el libro con una pluma analtica, facilitada por aos de psicoanlisis para superar el trauma.

Pese a haberse separado de l tras varios aos de relaciones, Matzneff, que hoy tiene 84 aos, ha pasado su vida tratando de contactar con ella, retratndola en sus libros bajo el nombre de "V" y publicando sus fotos con catorce aos en su web.

Vctima y herona de una serie de libros en los que no quera aparecer, qued en ellos retratada como una traidora que lo haba abandonado, una joven celosa y algo histrica, como todas las chicas de sus libros.

"l ha vivido en la negacin del dao que estaba haciendo", dice, tras haber conocido la experiencia de otras menores que fueron vctimas de Matzneff, editado en Francia por Gallimard que ha retirado su obra de las libreras.

Springora, cuyo libro publica la editorial Lumen en espaol el 17 de septiembre y ha sido adquirido por otros veinte pases, preconiza una solucin ms pedaggica: reeditar sus textos con advertencias y un comentario crtico sobre por qu pudieron ver la luz sin que la sociedad se opusiera.

La respuesta est quizs en la frase ms ensalzada de Mayo del 68: "Queda prohibido prohibir".

"Lo que realmente me hizo decidirme a escribir fue el premio Renaudot que recibi en 2013 y tener hijos adolescentes en casa. Es fcil seducir a una adolescente que simplemente suea con ser amada y quiere existir a ojos de un hombre que es famoso, tiene autoridad y carisma", seala.

"Pero no puede ser que en pleno siglo XXI todava haya crticos literarios de prestigio que lo recompensan sin tener en cuenta la dimensin pedfila de su obra", aade.

Es paradjico que Springora haya encontrado en los libros la liberacin y el castigo del autor: escap de Matzneff cuando logr leer sus diarios y saber que el hombre al que crea amar era un usuario de prostitucin infantil en Filipinas.

"Me sent sucia, cmplice. Sent que amarlo era una forma de respaldar sus actos con nios obligados a prostituirse. Comprend que l reciclaba en sus libros sus historias de amor con menores y supe que yo era la prxima en la lista", dice.

Treinta aos despus, se ha redimido convirtindolo, como l hizo con ella, en el antihroe de su novela.

 
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