18-09-2020 / 11:51 h EFE

El presidente de Compañía Nacional libia de Petróleo (NOC), Mustafa Sanallah, advirtió hoy que la producción de hidrocarburos no recuperar su normalidad a menos que se inicie la desmilitarización y se desarme a las milicias.

En un comunicado difundido a través de las redes sociales, advirtió, asimismo, que "en las condiciones actuales no se puede levantar el estado de fuerza mayor" en vigor desde febrero pasado, y que además de pérdidas multimillonarias causa cortes de electricidad diarios en todo el país y escasez tanto de gas ciudad como de otro tipo de combustibles.

El estado de fuerza mayor, que afecta sobre todo al golfo de Sirte, corazón de la industria petrolera libia, fue levantado brevemente en julio.

"El sector petrolero no debe ser politizado, no puede ser una moneda de intercambio político con la que negociar", agregó Sanallah.

NEGOCIACIONES TURCO-RUSAS

La advertencia del directivo coincide con una nueva semana de negociaciones a dos bandas entre Turquía y Rusia, los dos países más influyentes en Libia.

Y los esfuerzos de la Unión Europea y la ONU por recuperar su posición de liderazgo perdida frente a Ankara y Moscú en los esfuerzos por resolver la guerra civil que ensangrienta el país desde que en 2011 la OTAN contribuyera a la victoria de los heterogéneos grupos rebeldes sobre la tiranía de Muamar al Gadafi.

Turquía, además a Catar, es el principal soporte del Gobierno de Acuerdo Nacional sostenido por la ONU en Trípoli (GNA) mientras que Rusia apoya, junto a Egipto, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Sudán- las aspiraciones del mariscal Jalifa Hafter, tutor del Ejecutivo no reconocido en el este y hombre fuerte del país.

La situación inició un nuevo giro esta semana después de que tanto el jefe del Gobierno en el este, Abdallah al Thani, como el líder del Consejo presidencial del GNA, Fayez al Serraj, anunciaran su dimisión en medio de protestas populares en ambas regiones por la carestía de la vida.

PULSO INTERNO POR EL PODER

Las manifestaciones en Trípoli han desvelado, asimismo, la lucha por el poder en el seno del GNA, y en particular entre el círculo de presidente del Consejo y el del ministro de Interior, Fathi Bashaga.

El propio Al Serraj cesó a Bashaga y le abrió una investigación a principios de mes a causa de la violenta represión de las protestas de parte de una de las milicias vinculadas al poderoso ministerio de Interior.

El ministro fue liberado apenas tres días después y reincorporado a su puesto, desde el que controla la seguridad de la capital.

Tanto Al Serraj como el presidente del Parlamento en el este, Aqilah Saleh, anunciaron hace dos semanas un compromiso de alto el fuego, no aceptado aún las fuerzas sobre el terreno, que siguen reforzando y moviendo tropas en el eje que forman el oasis de Al Jufrah y el puerto de Sirte, nuevo frente de batalla de una guerra que se agudizó hace 14 meses con la entrada de mercenarios -principalmente sirios y africanos- reclutados por Turquía y Rusia.

El último año de guerra ha reducido a menos de 100.000 barriles diarios la producción de petróleo en Libia, que llegó a alcanzar los 1,8 millones en tiempos de la dictadura.

 
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