24-10-2020 / 18:30 h EFE

El videoarbitraje, protagonista en el gol de penalti de Sergio Ramos, eclipsó el primer clásico como entrenador de Ronald Koeman (1-3), valiente en la alineación pero más discreto en la introducción de los cambios, que encadenó su tercer partido liguero sin ganar.

La decisión de Martínez Munuera despistó a sus jugadores y al propio técnico neerlandés, que no realizó los primeros cambios del partido hasta el minuto 80.

Koeman ya sabía lo que es jugar un clásico. Disputó 14 en total siendo jugador azulgrana, con un balance de seis victorias, tres empates y cinco derrotas.

Hasta la fecha, como entrenador del Valencia, tenía una única experiencia contra el Real Madrid. Fue en la temporada 2007-08, en un partido igualado que acabó con triunfo blanco en Mestalla (2-3).

Pese a ello, no le tembló el pulso con la alineación. Ya avisó en la previa: "Más que la edad, lo importante es el rendimiento y los jóvenes necesitan jugar para ganar partidos".

Y cumplió con lo prometido. Dejó al banquillo a Antoine Griezmann, de 29 años, y también a Sergi Roberto, de 28. En su lugar entraron dos menores de edad, Pedri (17) y Dest (19), que acompañaron a otro adolescente, Ansu Fati, más habitual en las últimas alineaciones.

Precisamente el hispano-guineano fue una de las novedades tácticas de Koeman. Lo situó de '9', mientras que Messi se situó en la media punta, con libertad total.

Una declaración de intenciones en su primer clásico, que empezó con mal pie. A los cinco minutos, Benzema agujereó la zaga con un pase preciso que encontró a Fede Valverde para rematar la asistencia en profundidad del francés. Fue un fallo en cadena de toda la zaga azulgrana, también del debutante Dest.

Si la zaga fue la cruz en los primeros minutos, Ansu fue la cara. Suyo fue el gol del empate, aprovechándose de la jugada clásica de 'quarterback' de Messi, buscando en profundidad a Alba, que sirvió el tanto que el hoy delantero centro remató a primeras.

Pese a un primer tiempo frenético, en el que el Real Madrid gozó de mejor posesión, vivía Koeman tranquilo desde la banda el partido, esperando que en algún contraataque alguno de sus jugadores decidieran.

Lo demostró también antes del segundo tiempo, en el túnel de vestuarios, donde las cámaras mostraron como el técnico neerlandés, con las manos en el bolsillo, se saludaba amigablemente con Sergio Ramos.

Una pose de tranquilidad y calma, que contrastó con el segundo tiempo que se vivió en un Camp Nou vacío. Su equipo gozó de las mejores llegadas tras la reanudación, pero fue el Real Madrid el que se avanzó con el penalti, muy protestado por los locales.

Tardó Koeman en reaccionar y hasta el minuto 80 no realizó el primer cambio. Y cuando lo hizo fue para sacar al césped tres delanteros de una tacada: Trincao, Dembélé y Griezmann.

Le salió mal la apuesta. Su equipo se partió por la mitad y el Real Madrid sentenció con Modric. Tras el pitido final, Koeman felicitó a los 22 jugadores y esperó al árbitro para, de la misma manera tranquila como afrontó su primer clásico en el banquillo, preguntarle por la acción que cambió el signo del partido.

 
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