11-12-2020 / 17:09 h EFE

Más de cien días lleva María Jesús Castrillo, auxiliar de educación especial, protestando a la intemperie en su centro de trabajo, el Colegio Público de Educación Especial Alborada de Zaragoza, para poder ejercer su profesión sin temer por su vida.

Castrillo sufre patologías respiratorias "graves", cuenta a Efe, lo que la convierte en colectivo de riesgo frente a la covid-19 o, como denomina el Ministerio de Sanidad, Trabajadora Especialmente Sensible (TES).

Por ello, en la primera ola de la pandemia, el Servicio Aragonés de Salud le dio la baja hasta el 3 de julio pero, de cara al nuevo curso escolar, cambió el criterio: todos los TES se incorporaban a su puesto, pero tendrían que rellenar un documento para que los servicios de prevención de riesgos laborales analizaran la situación de cada uno de ellos.

Castrillo presentó dicho escrito el 16 de julio y en septiembre nadie había contactado con ella, señala, por lo que decidió acogerse a la paralización de su actividad, un derecho recogido en la Ley de Prevención de Riesgos Laborales ante un "riesgo inminente para la vida".

"Yo quiero trabajar", exclama la auxiliar, que ha denunciado la situación en Inspección de Trabajo y pide que se le adapte su puesto de trabajo considerando sus capacidades y limitaciones.

Ante la falta de respuesta que denuncia, el sindicato CGT ha convocado este viernes a las 18.00 horas una concentración de apoyo en la plaza de España de Zaragoza.

"Temo por mi vida", afirma la profesional, que trabaja con alumnos con grandes discapacidades con una salud "muy delicada", por lo que el riesgo, añade, no es solo para ella sino también para los chicos.

Por eso, Castrillo lleva más de cien días acudiendo al colegio Alborada de 8.30 a 16 horas, cumpliendo con su jornada laboral de 7 horas y media, pero en el espacio abierto desde la verja hasta el hall del centro, a la intemperie.

La auxiliar reconoce que sigue percibiendo su salario pero no quiere eso, sino ejercer su profesión "sin riesgo" y no cogerse la baja como le indicó, cuenta, la dirección del colegio.

"Las bajas no te las coges, las bajas te las dan. La situación de pandemia es algo que no sabemos cuánto va a durar, no puedes estar de baja indefinidamente", subraya.

Castrillo denuncia que la administración "no está dando respuesta" y calcula que hay otros diez TES en su centro y unos 1.200 en Aragón.

La solución que le ofrecieron desde el departamento aragonés de Educación, asegura, fue mandarla a un aula de instituto con alumnado con Trastorno del Espectro Autista (TEA), un "apaño" que se niega a aceptar porque supone "peores condiciones", ya que en estas clases hay más alumnos y, por tanto, más riesgo.

Asimismo, Castrillo exige que se establezca un plan de prevención "con información y formación" que vaya más allá de repartir mascarillas FFP2.

"Es imposible que nuestros chavales lleven una mascarilla, y los que las llevan las llevan como pueden", asevera la funcionaria.

Por eso, avanza, seguirá protestando en el colegio Alborada hasta que le ofrezcan una solución tanto a ella como al resto de TES sin alternativa.

 
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