30-12-2020 / 10:51 h EFE

El modelo productivo valenciano se enfrenta a dos principales problemas cuya solución debe abordarse con mayores niveles de innovación en todas las actividades productivas, sin excepción, y la diversificación hacia empresas de elevado contenido tecnológico.

Aumentar el número de empresas y su tamaño medio son otros retos del sistema productivo de la Comunitat, que presenta un bajo nivel de valor añadido generado por las empresas ubicadas en el territorio independientemente del sector de actividad al que pertenezcan, que determina una renta per cápita y unos salarios medios también bajos, y una insuficiencia de la capacidad productiva para absorber la población activa disponible.

Así lo afirma el último informe de este año elaborado por Andrés García Reche, vicepresidente ejecutivo de la Agencia Valenciana de la Innovación, por encargo de la Cátedra Prospect Comunitat Valenciana 2030, al que ha tenido acceso EFE.

Este informe, titulado "Una estrategia de innovación para la transformación del modelo productivo de la Comunitat Valenciana", señala que la capacidad productiva es "totalmente insuficiente" para absorber la población activa disponible, como se deduce de la existencia de una tasa de paro que alcanza los dos dígitos de manera persistente a lo largo del tiempo -solo alcanzó el 8 % en los años 2006-2007, antes de estallar la burbuja inmobiliaria-, situada muy por encima de la existente en las economías desarrolladas del entorno.

Las posibles soluciones a estos dos problemas pasan por que el sistema de innovación esté en el centro de la acción política, un sistema en el que cuanto más tamaño tengan sus componentes y cuanto más intensamente cooperen entre ellos, más posibilidades habrá de generar valor añadido, de aumentar la capacidad productiva y, por tanto, de elevar la renta per cápita y el empleo de calidad, según sostiene.

En cuanto a aumentar el número de empresas, apunta que esta medida requiere de políticas institucionales especificas para eliminar trabas burocráticas no justificadas y facilitar la creación de empresas, mientras que para crecer en tamaño y extender el sistema productivo hacia otras actividades (diversificar), desempeñan un papel fundamental la innovación y el conocimiento.

La diversificación por "ramificación" (ligada a actividades ya existentes) no es tan complicada de lograr como la "troncal", que no dispone de referencias cercanas ni de ventajas derivadas de la especialización.

Ello confirma que la calidad y fortaleza del sistema de innovación es el factor clave imprescindible para lograr el éxito de las políticas de desarrollo regional propias del siglo XXI, pero no solo depende de cuestiones como el volumen de inversión en I+D -tanto por parte de empresas como del sector público-, número de centros tecnológicos y provisión de servicios avanzados, dimensión financiera de capital riesgo o número y tamaño de las empresas.

También de aspectos cualitativos, y sobre todo de la forma en que todos componentes del sistema se conectan, dialogan y cooperan entre sí, garantizando al entorno productivo una adecuada accesibilidad a todo el conocimiento relevante disponible, según indica el estudio de Prospect Comunitat Valenciana 2030.

Abunda en que el presupuesto público para I+D depende de la voluntad política de los gobiernos y es una decisión sencilla de instrumentar, pero nada garantiza a priori que el aumento del gasto público se traslade al sistema productivo contribuyendo a incrementar el volumen de valor añadido generado.

Para que esto ocurra, debe haber una interconexión fluida entre los componentes del sistema de innovación y que este sea gestionado de manera integral por un nuevo modelo de gobernanza, garantizando que los recursos disponibles en los entornos científico, tecnológico y financiero lleguen al sistema productivo en forma de ventajas competitivas ligadas al conocimiento y la innovación, estimulen la confianza entre la demanda de soluciones y los retos.

Existe una asimetría entre la capacidad de producción de conocimiento de alta calidad en la Comunitat Valenciana (1.481 grupos de investigación que acumulan más de 15.000 investigadores) y el comportamiento general de su modelo productivo que genera un valor añadido relativamente bajo.

A excepción de la red de centros tecnológicos que tienen una trayectoria de cercanía con las empresas, los productores y usuarios del conocimiento caminan en paralelo "sin apenas encontrarse".

Instaurar este nuevo modelo de gobernanza en las políticas de innovación es lo que pretende la Agencia Valenciana de la Innovación, de manera que el problema quede relegado únicamente a los aspectos cuantitativos relacionados con el tamaño de los distintos entornos componentes del sistema.

El informe señala además que la revolución tecnológica "sin precedentes" en la que nos encontramos, el cambio climático "con especial incidencia en el área mediterránea" y unos retos en salud y calidad de vida de las personas requieren del uso de "grandes volúmenes de materia gris", y ello impulsará aun más la necesidad de disponer de un sistema de innovación "robusto y eficiente" que esté capacitado para ofrecer soluciones.

Son cambios que no podrán resolverse solo con actuaciones públicas y será necesaria la colaboración público-privada para incentivar y facilitar el desarrollo de estrategias hacia la sostenibilidad del sistema productivo.

Señala como ejemplo de ello la Compra Pública Innovadora (avalado por la UE desde 2008), "imprescindible" para abordar todos los objetivos a la vez y que convierte al sector público en una empresa tractora para sus proveedores privados, garantizando "una demanda solvente a aquellas otras empresas que se muestren dispuestas a proveerle de soluciones suficientemente innovadoras".

 
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