30-12-2020 / 19:40 h EFE

Una gran nave en la calle Siroco de Dos Hermanas guarda todo un subidón de nostalgia para los que en los años 80 tenían en una máquina y una moneda de cinco duros su principal diversión, un salón del videojuego retro que pasa por ser una de las mayores colecciones de su estilo en todo el mundo.

Entrar en esa nave es como acceder con el Delorean, el entrañable coche de Regreso al Futuro, a un bar de los años 80, y participar en una experiencia que sirve, entre otras cosas, para mantener con vida a las abuelas de las actuales videoconsolas, gracias a Eduardo Alvarez, fundador de Arcade Planet, filial de Sevilla Retro, y su socio, Juan Diego Periáñez.

En esa nave, unas 350 máquinas se ponen a disposición de todo aquel que las quiera probar, en algunos casos, por primera vez en su vida, como pasa con los niños que han nacido cuando estos ingenios ya habían desaparecido de bares y salones de juego, con la premisa de pagar una entrada cuyo beneficio se destina simplemente al mantenimiento de los propios aparatos.

Hoy día, es todo un paraíso para la nostalgia, pero llegar al punto actual no ha sido fácil, como recuerda Eduardo Álvarez, que rememora a Efe que “éramos cinco socios más que fanáticos de las maquinas recreativas, y cuando desaparecieron decidimos que queríamos montar algo para nosotros”, simplemente para consumo casero, y, señalando el interior de la nave, exclama: “¡Hemos acabado en esto!”.

“Al principio era duro, porque había que buscar el local, gestionar el mantenimiento de las máquinas, pero al final fuimos conociendo a gente, y hemos llegado a un punto en el que tenemos esta colección”, explica.

Juan Diego Periáñez recuerda que todo comenzó con las primeras diez máquinas que compraron, “que luego fueron otras diez, y otras diez, y ahora tenemos 350”, recordando que “no somos una empresa que vende maquinas recreativas, hemos arreglado alguna pero queremos ponerlas en juego, devolverlas a la vida y jugar, de modo que no vendemos, sino restaurado para disfrutar”.

Sevilla Retro es una asociación que reúne unas 500 consolas de ordenador y juegos de hace varios años, mientras que Arcade Planet "es una filial con la que trabajamos para conservar y restaurar máquinas originales de recreativos", y pasado lo peor de la covid se ha podido abrir la nave para que quien quiera disfrute de un baño de nostalgia.

En realidad, todo en este mundillo tiene mucho de magia y también de riesgo, porque muchas de las máquinas se compran sin funcionar o la donan, “y tenemos socios muy manitas que cambian condensadores, palancas, botones y todas funcionan al cien por cien”, de modo que se puede ver la cara de niños que juegan al comecocos o al mítico Pong, la versión de tenis de mesa lanzada por Atari en 1972.

Para Períañez, el Pacman (comecocos) es "el videojuego de los videojuegos”, aunque se puede decir que cada visitante de la nave tiene su propia favorita.

Eso sí, no es necesario llevar las monedas de cinco duros, ya que todas las máquinas funcionan con un botón que las activa, de modo que solo hay que llegar y jugar una vez pagada la entrada, aunque en ocasiones, como hace algún tiempo en una cita itinerante en San Juan de Aznalfarache, se les dio prioridad a aquellas personas que acudían a la sala con alimentos o artículos solidarios.

Para que no falte de nada, Streetfighter, Our run o Tetris están en la sala, y solo ver las caras de los más jóvenes con sus padres compartiendo recuerdos al lado ya merece todos los esfuerzos de estos viajeros del futuro por cinco duros.

 
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