01-04-2021 / 15:00 h EFE

Treinta años después de su muerte, algunos de los principios que el exsenador Jaime Guzmán plasmó en la actual Constitución de Chile -promulgada durante la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990)- siguen siendo la bandera de la derecha, que busca reproducirlos en la nueva Carta Magna que está pergeñando el país.

A las 18:27 horas del lunes 1 de abril de 1991, a bordo del Subaru Legacy en el que usualmente se movilizaba, Guzmán, ideólogo y defensor de la dictadura, fue asesinado a tiros en las afueras del campus de la Universidad Católica en Santiago, donde impartía clases de derecho constitucional.

Los autores del atentado fueron miembros de Frente Patriótico Manuel Rodríguez-Autónomo, organización armada nacida en la dictadura que luchó contra el modelo de transición a la democracia que se zanjó en los años 80.

Condenado de manera transversal por todo el espectro político de la época, el asesinato de Guzmán se sitúa como uno de los hechos más complejos de los frágiles primeros años post-dictatoriales del país austral, y su legado político está vigente en los sectores que lideró desde finales de los sesenta hasta su muerte.

Su ideario sigue siendo el centro de gravedad de la derecha chilena, que enfrentará unida, desde los más liberales hasta los más conservadores, los comicios donde el país elegirá en las próximas semanas a los delegados constituyentes que redactarán una nueva Carta Fundamental.

EL FARO DE LA DERECHA CHILENA

Pese a las dificultades que la derecha ha mostrado en su seno durante el último tiempo, "no ha presentado grandes diferencias" en torno a las ideas que se defenderán para ser elegidos en la convención que redactará la Constitución, dijo a Efe el encargado del Área de Formación de la Fundación Jaime Guzmán, Claudio Arqueros, organismo creado después del crimen que acabó con su vida.

El proceso constituyente en el que Chile está embarcado "implicó la unión de toda la derecha para enfrentar las elecciones (...) y eso es una señal de que algunas ideas fundamentales como la subsidiariedad, el rol de los cuerpos intermedios (privados y organizaciones de la sociedad civil), la economía social de mercado, son cuestiones que siguen uniendo y tienen un germen en el proyecto guzmaniano", argumentó.

Desde esa trinchera, el objetivo del sector en el proceso constituyente será "asegurar el no desmantelamiento del proyecto dictatorial" configurado por Guzmán, "principios de larga duración en la derecha y que van a intentar defender a como dé lugar", explicó a Efe la historiadora Verónica Valdivia, académica de la Universidad de Santiago con amplios estudios sobre la derecha chilena.

JOVEN FRANQUISTA

Nacido en 1946 en el seno de la elite chilena, vinculado a apellidos como Edwards, Matte y Valdés -que en el país austral son históricos sinónimos de poder-, Jaime Guzmán tuvo una aproximación temprana y decidida a los asuntos políticos.

Ferviente católico, ya en la adolescencia Guzmán se declaraba un profundo admirador de Francisco Franco, y tenía como uno de sus máximo referentes al fundador de la Falange Española, José Primo de Rivera.

"Estoy archi franquista, porque he palpado que el generalísimo es el salvador de España, porque me he dado cuenta la insigne personalidad que es, lo contenta que está la gente con él, lo bien que se trabaja y el progreso económico que se advierte", escribía a su madre desde Lisboa, según rescata el periodista y escritor Manuel Salazar en el medio local Interferencia.

GUZMÁN, EL ARTICULADOR

A principios de los años 70, en pleno gobierno de la Unidad Popular, Guzmán fue cobrando notoriedad en la vida pública chilena: muy presente en diversos medios de comunicación, entre ellos un programa estelar de televisión, el joven abogado de la Universidad Católica y fundador del gremialismo se transformó en el eco de las élites.

Era un "conservador cuyo objetivo fundamental era reponer la autoridad de las élites económicas, sociales y políticas, liberales en lo económico y autoritarias", apunta Valdivia.

Con su capacidad intelectual e impecable oratoria, Guzmán logró aglutinar a amplios sectores empresariales y cristalizar una férrea oposición al gobierno de Salvador Allende (1970-1973), participando además en el grupo terrorista de extrema derecha Patria y Libertad hasta 1972.

Ya en plena dictadura, el abogado participó de la Comisión Ortúzar, encargada de estudiar la elaboración de una nueva Constitución, que luego fue aprobada en un plebiscito sin registros electorales y en un contexto de represión brutal contra los disidentes del gobierno.

VISIÓN ANTROPOLÓGICA CRISTIANA

En 1983, Guzmán fundó la Unión Demócrata Independiente (UDI), partido que se transformó en el más grande de Chile durante la transición y ha sido eje de los dos gobiernos del actual Presidente Sebastián Piñera.

Arqueros planteó que Guzmán "contribuye a alejar las polarizaciones extremas del país" y a "devaluar el lugar que tuvo la consigna" como forma de hacer política en pos de dar mayor profundidad al debate público.

Por otro lado, desde su perspectiva, el trabajo del fundador de la UDI permitió entender "que había un sentido unitario en la vida social que no se agotaba en el progreso económico", es decir, "una visión antropológica cristiana que intentaba fortalecer".

 
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