20-05-2021 / 17:39 h EFE

El arquitecto peruano Felipe Ferrer denuncia los límites que impone un mundo enrejado con vallas reales trasladadas de Lima para ser expuestas en la XVII Bienal de Arquitectura de Venecia, que abrirá al público del 22 de mayo al 21 de noviembre.

La pandemia de coronavirus obligó a aplazar esta exposición internacional en dos ocasiones en 2020 y los organizadores han optado este año por seguir adelante, pero la evolución de los contagios y de la campaña de vacunación les hizo esperar hasta el último momento para tomar la decisión y esto penalizó a algunos pabellones que no han llegado a tiempo.

Es el caso de Perú, que no ha podido estar listo para la preapertura que la Bienal celebra estos días con los medios, pero que espera hacerlo en dos semanas.

A otros países les ha ocurrido lo mismo y por eso los organizadores de la Bienal han decidido que los premios no se anunciarán este año el día que abre al público, sino el 30 de agosto, para que todos puedan competir en igualdad de condiciones.

El proyecto de Ferrer se llama "Playground" ("Patio de recreo") y presenta una gran reja retirada de Lima, "corroída por el óxido, despintada y con unos letreros que también están en Perú", la cual separa al visitante de una zona con columpios que simboliza la libertad, explica a Efe Ferrer en una entrevista por videoconferencia desde Perú.

La Bienal este año lleva por título "How will we live together?" ("¿Cómo viviremos juntos?") y Ferrer lo tiene claro: "con menos rejas y más unión".

La idea original era que el visitante cruzara la valla y se adentrara en el patio de un colegio, para que pudiera subirse, por ejemplo, al balancín que se mueve con la ayuda de otra persona situada en el lado opuesto.

"El juego requiere de un sube-baja de dos personas, que juegan, que tienen que estar nivelados, uno asciende y el otro desciende, y luego se turnan, pero uno siempre depende del otro. Se genera confianza entre ellos", dice.

El pabellón también contará con otro columpio, que es una mecedora, y con otra reja que, colocada en vertical, se convertirá en una escalera.

Las rejas son de Perú, cuenta Ferrer, y serán llevadas a Venencia en avión. El objetivo es denunciar un mundo lleno de vallas físicas e invisibles, como las que se ponen a los migrantes cuando se les impide acceder a un país.

"La idea es sacar lo peor que tenemos en la ciudad, cosas que dividen y segregan, y transformarlas en artefactos que nos enseñen" a convivir sin limitaciones, comenta.

El comisario del proyecto es José Orrego Herrera, fundador de Perú Green Building Council, miembro fundador de la Asociación de Estudios de Arquitectura y es director del Patronato Cultural del Perú.

Orrego subraya, también desde Perú, que este proyecto sirve para demostrar que a veces la gente tiene tan interiorizadas las rejas que cree que han de estar ahí, y en este sentido rememora una anécdota:

"Nos pareció simbólico quitar rejas de Ayacucho, cuna del terrorismo, que es donde empezó la idea de que había que poner vallas para proteger o encerrar. Se llegó a un acuerdo con el alcalde y, cuando empezamos a quitar una reja, se iniciaron manifestaciones en contra y se creó un conflicto tal que el alcalde tuvo que dar marcha atrás y devolverla", recuerda.

 
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